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Reynaldo Arenas

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¿Cómo aparece el teatro y el amor por este arte en su vida?

Desde muy pequeño siempre he dicho que soy hechura de mi madre. Ella fue una mujer provinciana, amante del arte regional, le gustaba mucho tejer. Hacia lindos telares, cantaba. Y luchó mucho por la vida. Cuando llegó a Lima, lo primero que hizo fue entrar como empleada doméstica en una casa donde yo conocí al poeta Luis Hernández Camarero. Con él comenzamos a hacer teatro desde los 7 años. Él tenía una biblioteca basta. En su casa siempre se hablaba de música, literatura, pintura. Imagínate. Compartíamos mucho y cada verano hacíamos radio teatro y montábamos pequeñas obras. Tuve una hermosa infancia rodeada de arte gracias a mi madre, por todo lo que proyecto en mí y por el entorno en el cual, con mucho esfuerzo, me permitió estar. Hubo una época en la cual mamá enfermo y tuvo que dejar de trabajar. Para ayudar tuve que irme al Puericultorio Pérez Araníbar. Estuve 18 meses ahí, y tuve la suerte que habían muchos sacerdotes aficionados al teatro que me invitaban siempre a declamar y a hacer pequeñas obras de teatro para niños. Posteriormente ingreso a la secundaria y comparto capeta con un actor precoz, Fernando Larrañaga Travesí, hijo de doña Gloria Travesí, gracias a quien tuve mi primer trabajo como extra en una puesta en escena sobre la “Pasión de Cristo”. Terminando el colegio, me encontraba sin trabajo, así que decidí emplearme en un trabajo en un colegio de educación superior. Ahí conocí a quien fue mi guía, mi maestro Guillermo Ugarte Chamorro, director del Teatro San Marcos. Él dictaba las clases de historia universal y yo era auxiliar de educación. Así entablamos una amistad muy linda. A él fue quien le confesé que quería ser actor. Fui muy sincero con él, incluso le pregunté si tenía condiciones para lograrlo. Me dijo que sí, pero que debía formarme como un actor debe formarse en esta profesión, con mucho esfuerzo y estudio. Así que, me recomendó ir a las academias “Histrión”, donde estudié tres meses. Luego me motivaron a postular a la ENSAD. Ingresé y desde que salí he venido trabajando. Son casi 50 años de labor interrumpidas.

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Me imagino que fue nada fácil.

En lo absoluto. Nuestra labor artística es una labor de Quijotes. Estamos expuestos a muchas cosas, la falta de trabajo, el racismo, la falta de valoración de nuestro arte, en fin. Pero, dentro de todo, creo que la perseverancia, la resistencia, el sacrificio y el amor por este trabajo es lo que a uno le permite seguir y poder vivir de esto.

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¿Qué es lo que esta profesión le ha obligado a sacrificar?

Mucho. Esta es una profesión de muchísima disciplina y pasión. Yo he sacrificado muchas cosas. Fíjate que desde niño soñaba con ser un gran futbolista, me gustaba mucho el fútbol. Tuve que decidir entre ser actor o futbolista, y si decidí ser lo primero fue porque sabía que debía entregarme a esto, y así lo hice. Y no sólo ese tipo de sacrificio, debes sacrificar mucho tiempo con la familia. Muchas veces me he visto obligado a viajar a provincias, grabaciones largas, ensayos en fechas importantes, temporadas en provincias. Viajar y alejarse de la familia no es nada fácil.

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¿Fue fácil generar esa confianza en su madre sobre su decisión de dedicarse a ser actor?

A mamá le chocó. Ella quería que fuese agrónomo porque teníamos tierras en Cajamarca. Además, porque tenía el pensamiento de que el teatro estaba muy relacionado con la bohemia, el alcoholismo, la pérdida del tiempo. Sin embargo, cuando me vio tan convencido de esto, tan entregado a este sueño, me dijo que iba a apoyarme. Me acompañó en el camino y nunca me abandonó.

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¿Cuál es su manera de involucrarse con el proceso de creación de un personaje en una obra?

Yo soy un hombre del campo, he vivido muchos años ahí. Amo la tierra, amo los Apus, amo la Pacha mama, y tuve una infancia muy linda en el Cusco. Tuve la suerte de vivir en un barrio lleno de gente de arte, música, artesanías, danzas. Siempre. Desde niño me he identificado con todo ello. Desde que llego a Lima, los cambios me afectaron, me costó adaptarme a la capital. Por eso, una manera de involucrarme con cada proceso que llevo es ser sincero con mi trabajo, asumo mi rol sobre mi identidad y reivindico mi identificación con mi cultura.

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Entonces, siempre estuvo presente la mística en su teatro…

Fue algo que fui encontrando y formando en mí. Se afianzó definitivamente desde que viene la BBC de Londres a hacer un documental sobre la historia del Perú. Fui al casting simplemente para obtener un papel, sin saber que, sin embargo los productores al verme me iban a proponerme hacer el papel de Atahualpa. Esto me permitió vivir como 4 meses en el Cusco, y a mis 25 años tomé conciencia de toda esa cultura que estaba a mí alrededor. Es así que decido abrazar la carrera como actor desde mi identidad, desde mis raíces, desde mi autenticidad.

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En estos 50 años de trabajo ininterrumpidos en los que ha tenido la suerte de gozar del teatro dentro de sus cambios y formas, ¿cómo siente que ha cambiado el teatro?

Creo que antes había mucha más actividad. Por ejemplo, solo en el Centro de Lima había como ocho salas. Estaba el Teatro Municipal, el Teatro Segura, el Club de Teatro Lima, la Escuela de Teatro de San Marcos, el Teatro Felipe Pardo y Aliaga, la Sala Alcedo, el Cine Bijou, la sala Entrenous, Teatro de la Cabaña entre otros; había además un público más efervescente. Recuerdo que antes había mucha más actividad teatral, inclusive al aire libre, en el Campo de Marte y la concha acústica de Chucuito, en el Callao por ejemplo.

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Sin embargo, en estos años han aparecido espacios alternativos, casas que se convierten en teatros, salas que son espacios teatrales.

Así es, es una resistencia. Los jóvenes que salen ahora de las escuelas deberían siempre tener en cuenta la importancia de capacitarse en la proyección y gestión cultural. Todo está demasiado concentrado en Lima y Miraflores, cosa que no debería ser así. Cada barrio debería tener dos o tres espacios de cultura, de arte, de resistencia artística. Es una pena saber que los pocos que hay no reciben apoyo del estado porque es claro que ellos no desean un pueblo pensante ni reflexivo, y consideran el arte peligroso.

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Son indiferentes a las necesidades reales de la población.

Actualmente vemos problemas sociales muy fuertes que continúan. Hay mucho de qué hablar y mucho que denunciar mediante el teatro a partir de nuestras realidades y nuestra propia historia. Sin embargo, seguimos admirando el teatro extranjero. Siempre estamos haciendo cosas de afuera, no apostamos mucho por hablar o crear desde nuestras raíces.

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¿En algún momento hizo teatro de grupo?

Sí, he formado cuatro grupos de teatro. Uno de ellos fue saliendo de la escuela. Me junté con Haydee Cáceres, Oswaldo Fernández, Humberto Cavero, Elena Huambos y otros, y formamos el grupo “Coherencia”. Duramos entre cuatro y cinco años. Hacer trabajo de grupo es muy difícil, hay que conseguir tener una armonía completa. Recuerdo siempre con mucho cariño la última producción que hicimos, con la agrupación “Jucaré”.

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Con respecto al cine, ¿cuál fue la primera película que rodó?

Una coproducción peruano mexicana sobre la vida de San Martin de Porres que se llama “Un mulato llamado Martin”. Hice el casting y obtuve el papel del hijo de un gran actor, Luis Álvarez. En esa película se me ve jugando con mis trompos, comiendo cuy. Mi personaje buscaba mostrar la ternura del ande. Eso me pareció muy hermoso.

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Luego vinieron más cosas…

Sí. Luego de esta que te comento hicimos una que fue un confronta miento con la realidad, en todo sentido. “La casa pensión”, fue una experiencia increíble. El director nos pidió que para el proceso de investigación de la película nos fuésemos a vivir durante diez días al Hospital Larco Herrera. Fue un proceso muy lindo y muy intenso. Estar en contacto con la gente que había perdido la razón, trabajar a partir de la investigación. El proceso de creación de esta película fue fascinante.

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Si tuviera que elegir, ¿teatro, cine o televisión?

Son tres campos totalmente diferentes que merecen respeto su propio respeto. Pero, dentro de ellos, creo que el teatro es una actividad que te enaltece, que te nutre, que te fortifica. Es que cada público es diferente, cada puesta en escena es diferente, cada sensación es diferente. El teatro te pide una mayor preparación, desde que se abre el telón tienes que ser consiente de todos tus actos, no te puedes olvidar de nada, debes aprender a estar presente con cada uno de tus sentidos, el alma y el corazón. En el cine algo pasa, de pronto oyes “corte” y tienes la posibilidad de hacerlo de nuevo. En el teatro te das cuenta con los aplausos que estás vivo…

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¿Cómo ha cambiado la profesión del actor durante su experiencia?

Muchos actores se preocupan por conseguir fama, mas no prestigio. Hablar de un Luis Álvarez, Pablo Fernández, Alfredo Bouroncle, Elvira Travesí, imagínate pues, son gente que se ha entregado mucho a la vida teatral. Ahora hay muchos jóvenes que están a diez minutos de entrar a función y están con el celular, llegan tarde, ponen muchos peros para entrar al proceso de creación, no hay mística. Eso es algo que nunca se debe perder en el teatro, la mística.

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¿Cómo es para usted compartir escena o ser dirigido por jóvenes directores?

Uno aprende muchísimo de los artistas jóvenes. Ellos vienen con propuestas nuevas. Ahora, por ejemplo, estoy siendo dirigido por un chico talentosísimo, tiene 27 años y acaba de egresar de la escuela de dirección de Aranwa. Él está explorando cosas nuevas, con el cuerpo, por otro lado. Me encanta trabajar con jóvenes, se les nota la pasión, estas ganas locas por cumplir sueños. Esa fuerza, ese empuje, es simplemente hermoso.

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¿En algún momento ha pensado abrir un taller de formación actoral?

Justo ahora estoy trabajando con la Municipalidad de Ate, me dedico exclusivamente a las zonas más alejadas y pobres. Trabajamos y tratamos de rescatar a niños que están involucrados en problemáticas sociales como el pandillaje y malos hábitos. Trabajo con niños entre los 11 y 16 años, enseñándoles a actuar, declamar, hablar bien y entender que hay más medios para comunicar. Me encanta lo que hago, es más o menos como lo que dices, es como una escuela de formación, una escuela de arte popular.

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Qué hermosa lucha. Lo felicito.

Gracias.

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¿Cree que el teatro cambió su vida?

Sí. Yo al teatro le debo mucho, muchísimo. De niño en Lima siempre he vivido en casas que no eran mías, rodeado de patrones, nunca tuve una casa en la cual pude compartir con mis amigos, casi no tenía un espacio para disfruta mi madre y yo. El ser actor me ayudó mucho con lograr muchas que soñaba como tener una casa propia, libros, viajar conocer otros lugares y gozar de la amistad de miles de personas Ahora puedo decir que tengo millones de amigos. Me he ganado el cariño de la gente, conozco todo el Perú y más de ocho países. Son cosas que me ha regalado el teatro y que agradezco infinitamente.

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¿Qué necesita un actor para lograr vivir solo de su arte?

La perseverancia, la disciplina, trazarse metas con lo que quiere hacer uno con el teatro. Yo, por ejemplo, ni bien salí de la escuela me planteé dedicarme únicamente al teatro, no iba a hacer otra cosa, y así fue, veinte años dedicados solo a eso, antes de entrar a la televisión. Comencé en el teatro como tramoyista, como obrero de teatro armando escenografías, he sido telonero, sonidista, de todo. Hasta que un día faltó un actor y pedí el papel. Fue suficiente eso para que me vieran y pueda seguir trabajando. Desde ahí nunca paré, no podía darme el lujo de descansar, mis sueños me costaron mucho esfuerzo. Comencé desde abajo, con mucho esfuerzo.

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¿Nos podría contar un poco acerca de la obra “Lima de Veras”?

Es un canto al amor. Son dos historias que se trabajan paralelamente. Una está ambienta en los 40’s y es a historia de un hombre que se enamora de una aristócrata; ay un amor muy puro entre los dos. En la otra, la de los años 80’s, se ve a un hombre que quiere separarse de su esposa porque cree que ella no le dedica el tiempo necesario. Ambas historias se entrelazan. La obra es, también, una forma de rescatar, revalorar y reivindicar en nuestros jóvenes nuestra música criolla peruana. Se cantan alrededor de siete de las mejores piezas musicales de grandes cantantes como Pinglo, Polo Campos, Chabuca Granda, etc.

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¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Justamente repondremos “Lima de Veras”. Paralelamente tengo dos funciones en Aranwa, “Carnet de identidad” de Juan Gonzalo Rose. También, con un chico egresado de la ENSAD, estamos haciendo una obra de teatro itinerante que presentaremos en varios colegios llamada “Los perros también aúllan” de Luis Cornejo que habla sobre el terrorismo. Luego vengo trabajando en una obra en el Teatro Racional que se estrena en el mes de noviembre y que habla sobre la tercera edad. Además, tengo dos trabajos cinematográficos en marcha. Una es sobre la vida de César Vallejo y la otra, que se avecina por noviembre, es sobre los danzantes de tijeras.

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¿Cuáles son las fechas de presentación de “Lima de Verás”?

Las funciones serán el 14, 21 y 28 de agosto, el 4 de setiembre y el 3, 10, 17 y 31 de octubre, todas en el Centro Cultural CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985, San Isidro).

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Muchas gracias por esta entrevista.

Gracias a ti, por preocuparte por el quehacer cultural en esta Lima que día a día se aleja de la cultura.

Redacción

Actriz y pedagoga egresada de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático - ENSAD.