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Ikaro Teatro: Julio César Flórez y Carmita Pinedo

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¿Cómo nace Ikaro Teatro?

Julio César: En el año 90’, después de la experiencia de Raíces, me voy a Iquitos. Ahí hago un taller donde participaron treinta seis personas y que duró un mes. Este taller estuvo organizado por Marina Díaz, una vieja teatrera iquiteña, matriarca del teatro amazónico. Después de esta experiencia me sentí con la respuesta correspondida de parte de los chicos y chicas de Iquitos, ellos estaban realmente muy interesados por hacer teatro. Así que amplié mi estadía en Iquitos por un año. En este nuevo taller hicimos un proyecto en el cual involucramos doce personas a una formación teatral más integral. Este proyecto terminó con la obra El Reino de las alas, que lo difundimos por varias comunidades de Iquitos.

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Julio César Flórez y Carmita Pinedo.

¿Todo nació con un taller?

Julio César: En realidad fue más que eso lo que dio vida a Ikaro Teatro. El contexto social y político del año 91’ fue casi determinante. Después del paquetazo, la violencia estaba en toda su magnitud, uno sentía que algo debía hacer, de alguna manera podríamos contribuir a la sociedad. Así que decido convocar a los doce muchachos que llevaron el taller de un año conmigo. Recuerdo que, justamente un quince de marzo, ellos debían darme una respuesta, tuvieron un mes para decidir esta opción en su vida, porque no era un juego, yo no les propuse solo un taller, sino dedicarse íntegramente al teatro.

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¿Todos decidieron dedicarse al teatro contigo?

Julio César: Solo tres personas accedieron al inicio: Carmita Pinedo, Josué Ríos y Moises Torres. Posteriormente se integraron Marina Díaz, Rafael Díaz y Rosa Manahuaco. Este es el origen de Ikaro. Fue como un sueño hecho realidad, en un contexto amazónico. Después de Raíces, fue la segunda locura más importante de mi vida.

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Julio César Flórez.

¿Cómo es que cada uno de ustedes decide dedicarse al teatro?

Carmita Pinedo.

Carmita: Julio César sale de Raíces, hace el taller y propone la creación del grupo. Antes de Ikaro participé de un taller de teatro en la UNAP. Siempre veía entrenar a varios jóvenes conducidos por la profesora de literatura, Daphne Viena. Así fue que me interesé y decido inscribirme. Entré y comenzamos a crear. Recuerdo con mucho cariño, El Gallito Peripolino, nuestra primera obra. Tenía dieciocho años cuando empecé a descubrir el teatro. Cuando se empieza a dar el taller permanente de un año éramos un promedio de ocho grupos independientes en Iquitos, te imaginarás. Éramos muchas personas, y con toda la exigencia del proceso y el trabajo actoral, decido retirarme de la experiencia del taller de teatro en la preuniversitaria, Pukamachky. Ya en el 90’, ingreso a la universidad. A mí siempre me encantó trabajar mi cuerpo, hacía gimnasia, y era muy hábil para todo eso. Entonces, cuando Julio César llega con esta propuesta del trabajo del cuerpo me intereso muchísimo por formar parte de esta nueva experiencia. Aunque nos dio un mes para decidirlo, ya estaba segura de qué quería. Este nuevo proyecto planteado duraría cinco años. Teníamos que dejar la universidad y enfocarnos en nuestra formación actoral. La finalidad del proyecto de Ikaro era que en los cinco años los integrantes teníamos que terminar con un monólogo donde resumíamos toda la experiencia. Luego, Julio César nos habló de una gira por Sudamérica. Eso es lo que más me llenó de ilusión. Siempre había tenido el sueño de salir haciendo teatro, compartiendo mi trabajo. Decidí meterme de lleno. El entrenamiento era de ocho horas diarias, practicábamos de 8:00am a 4:00pm. Nos involucramos en la investigación del arte del actor con mucha entrega y pasión por nuestro trabajo. Producto de esta experiencia creamos la obra Conjuros al viento, cuyo tema era la identidad de los pueblos amazónicos, desde mi experiencia personal como actriz y en donde desarrollé tres ejes prioritarios del trabajo de Ikaro: voz, cuerpo, estados emocionales. La obra se estrenó en el 94’, han pasado 24 años y la seguimos presentando.

 

.¿Aquí terminó esta experiencia de formación actoral?

Carmita: No, la experiencia termina en el año 96’. Pero en el 95’ ya íbamos a acabar con el proyecto en el cual Marina Díaz, Rafael y yo terminamos con un monólogo. Después, entre los tres armamos una trilogía, pero la que ahondó y desarrolló más fui yo. Eso me abrió muchas puertas y me hizo sentir muy orgullosa. Recuerdo que a mis 19 años me hicieron una entrevista y el encabezado era “Camita Pinedo, una promesa teatral”. Ni yo misma me lo creía, pero mucha gente que comenzó a verme veía muchas cualidades en mí como actriz.

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Julio César Flórez y Carmita Pinedo.

¿Qué es lo que crees te llevó a ese reconocimiento?

Carmita: La disciplina y mi entrega al trabajo teatral, en un ambiente propicio de oportunidad. Creo que todo ser humano cuando tiene un espacio para expresarse puede hacer aflorar todas sus capacidades, sea cual sea el arte que desarrolle.

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¿Con este proyecto fueron de gira?

Carmita: Sí. En síntesis, de eso trato el proyecto. Se hizo realidad nuestro sueño. Viajamos a Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Argentina y Bolivia. Desde aquella vez todo lo que se proponía Ikaro Teatro, como hasta ahora, se concreta. Siempre nos proyectamos.

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¿Te iniciaste en el teatro con Raíces, Julio César?

Julio César: No. En realidad, ya había hecho teatro en la universidad, en el TCAP Teatro del Centro de Arte Popular de San Marcos. Mi primer maestro fue Juan Ayala, quien me condujo hacia el teatro. Fue muy interesante esta parte de mi vida porque era otra dinámica, teníamos mayores preocupaciones políticas que artísticas. Después llego a Raíces en el 80’.

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Mario Zanatta, corresponsal de Teatro Club en Cusco.

¿Por qué Ikaro Teatro?

Julio César: “Ikaro” es un canto amazónico de curación. Es el hilo conductor del ritual de ayahuasca. Recuerdo que estábamos en la plaza de Iquitos y todos habíamos ido proponiendo nuestras ideas y fundamentos para elegir un nombre, decidimos por Ikaro ya que consideramos que el teatro es eso, “una curación” para nosotros y para el público que va a ver nuestras obras.

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¿Sienten que esa concepción es una de las características que predominan en su trabajo?

Carmita: Sí.

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¿Qué es lo que siempre han querido resaltar de su trabajo?

Julio César: Por mi condición de andino, cuando llego a Lima mi interés personal siempre me llevó hacia el tema de la identidad. Ha sido muy fuerte el hecho de reconocerme, el buscar quien soy, para que estoy en esta tierra, que quiero lograr, hacia donde voy con mi trabajo teatral. Esto ha definido de alguna u otra manera mi perspectiva. También el hecho de querer ir a Iquitos y recorrer pueblo por pueblo con mi trabajo teatral. Pude haberme ido fuera del país. En esos momentos en que la violencia política nos arrastraba como sociedad, la mayor parte de los jóvenes de mi generación buscaba salir fuera del país. Pero, en mi caso, me dije “no, yo quiero hacer teatro en mi país”.

Carmita: El otro aspecto, que tiene que ver con nuestras características al hacer teatro, es que hacemos obras que entran a nosotros de manera profunda. No cogemos obras ‘’así nomás’’, la obra tiene que transmitirnos algo más profundamente, tiene que hacernos sentir.

Julio César: Así es. Por ejemplo, Amaru una y mil voces me ha llevado muchísimos años de concebir, enamorarme del tema y estar en la experiencia. Y si bien ya han sido tantos años con la obra, no la quiero soltar, o no la puedo soltar. A veces nos dicen “¿Por qué tantos años con la misma obra? ¿Cuándo hacen otra obra?”. Y no es que nuestro trabajo sea solo producir obras, es que hasta que no nos llegue una obra que hable de lo que nosotros queremos, no nos preocupa la producción, sino hacer algo que hable y sienta lo que nosotros sentimos y pensamos.

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¿Cuál fue su primera obra?

Julio César: La primera fuerte y grande en Ikaro ha sido “Conjuros al Viento”, que tiene que ver con la identidad desde la perspectiva de los pueblos amazónicos y, aún más allá de eso, desde las raíces mismas de la actriz.

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Carmita Pinedo.

¿Carmita?

Julio César: Así es. Carmita proviene un pueblo originario amazónico, los cocama-cocamilla. Recuerdo mucho cuando estuvimos buscando temas para nuestro trabajo, la obra previa a Conjuros se llamó Al borde del silencio, y era un espectáculo compuesto por tres unipersonales, cada uno con un tema diferente. Alguna vez Carmita me comentó la reacción de su madre con respecto a sus orígenes, y eso a mí me hizo recapacitar y centrar en que teníamos que tocar algo que tenía que ver con su historia y que, también en mi perspectiva, con la búsqueda de la identidad, porque somos un país diverso, no podía quedarme únicamente en la identidad andina. Sentía que tenía que transitar necesariamente en la parte amazónica, y este fue un complemento perfecto para poder llegar a ensamblar esta preocupación de la identidad que habitaba en mí.

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¿Cuándo llegan a Cuzco?

Julio César: Como dijo Camita, del 91’ al 96’ termina el proyecto, y como todo grupo tuvimos que afrontar una crisis. En ese entonces Marina tenía su unipersonal Esperanza, Rafael Ino Moxo y Camita Conjuros al Viento.

Carmita: Después comenzamos a viajar con Conjuros. Entre el 97’ y 98’ fuimos a Colombia, Ecuador, Paraguay, Argentina y Brasil.

Julio César: Para el 98’, cuando estábamos en plena gira en Colombia e íbamos en dirección a Panamá y México, Camita quedó embarazada. Es ahí donde nos dimos una pausa. Regresamos entonces a Cusco, volví a la casa materna en Sicuani. Luego nace mi hija, en el 99’, y mi mirada del teatro cambió.

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¿Qué proyectos partieron desde ahí?

Julio César: Teníamos la idea de gestar un proyecto grande. Queríamos hacer un centro cultural, compramos un terreno, comenzamos a hacer talleres ahí. Lamentablemente, al final el proyecto lo dejamos encarpetado por el factor económico.

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¿Desde ahí es que se instalan en Cuzco?

Carmita: A la ciudad de Cuzco llegamos en el 2008.

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¿Qué otras obras han realizado hasta el día de hoy?

Julio César: Conjuros al Viento, Frida Kahlo viva la vida, Amaru, una y mil voces  y hay una obra que fue punto de partida para la experiencia que se llama Atituyanemu Renu. El nombre está en aguaruna, y significa “lo que veo en visiones”. También hemos hecho Serenata en luna llena, que es una adaptación libre de El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García de Márquez, Al borde del silencio, y luego trabajos de obras de los talleres. Hombres de arcilla, 1789: Una revolución universal.

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¿Han hecho talleres con frecuencia?

Julio César: Ha habido experiencias de talleres en donde conformábamos equipos por tiempos limitados de siete, ocho o nueve meses. Montábamos espectáculos al aire libre en Iquitos. Hubo una que se llamó Hombres de arcilla, que atravesaba los momentos cruciales de la historia amazónica. Fue hecha a las orillas del río Amazonas. Actuaron como ciento cincuenta actores. Fue un espectáculo grande, en términos de producción y composición.

 

¿Por qué esto de trabajar con muchos actores y actrices?

Carmita: En Iquitos nuestros proyectos teatrales estaban relacionados con el Festival del Libro, que no solo era una feria del libro sino se promovía todas las artes. Ikaro Teatro  abria los festivales, y de acuerdo a la denominación del festival realizábamos un montaje. Estos montajes con participación de muchos actores y actrices solamente los hacemos cuando tenemos subvención de instituciones privadas.

Julio César: El Festival del Libro ha sido clave para nuestro proceso porque siempre contaba con nosotros y nosotros contábamos con su apoyo para poder ejecutar proyectos que con nuestra economía no hubiésemos podido hacer.

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Julio César Flórez.

¿Trabajaron en un espacio propio de Ikaro Teatro?

Julio César: Los cinco años de Ikaro estuvimos en el local de la Alianza Francesa, era una huerta abandonada. Fuimos acondicionándolo y lo hicimos nuestro espacio para presentar nuestras obras.

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En esa época, aparte de ustedes, ¿qué otros grupos de teatro habían en Iquitos?

Julio César: Éramos unos nueve. En una oportunidad llegamos a juntarnos todos para hacer una obra. Fue en el año 1992, un espectáculo callejero por los 500 años de resistencia. Lo presentamos en las calles y la Plaza de Iquitos. Fue muy linda la experiencia porque fue un trabajo colectivo que aglutinó a todos los grupos de Iquitos y fue autofinanciado por todos quienes participamos.

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¿Y a nivel pedagógico?

Carmita: Siempre hemos hecho talleres de teatro para niños y jóvenes porque permite sostener económicamente la experiencia.

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¿Dónde los llevan a cabo?

Carmita: En centros  y casas culturales que siempre nos han acogido. Por mi parte, actualmente enseño en Bellas Artes, un taller de teatro con dos grupos que llevan Teatro I. Este año estamos con un proyecto en Tipón, donde trabajamos con doscientas personas, entre niños jóvenes de instituciones educativas del distrito de Oropesa y pobladores de la comunidad.

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¿Acerca de qué es ese proyecto?

Julio César: Aún no tenemos un título, pero contamos con un equipo conformado por Lucho Castro, Oscar Liendo, Carmita Pinedo y quien habla, con el apoyo del Ministerio de Cultura. Lo venimos trabajando desde el mes de abril, y se estrenará entre agosto o setiembre. Este proyecto tiene que ver con el culto al agua. Tipón es el centro arqueológico que es una maravilla en la ingeniería hidráulica, además de un espacio hermoso en el cual se juntan la armonía de la naturaleza y el trabajo del hombre. Al margen de que haya o no haya subvención de parte del Ministerio de Cultura, nosotros nos hemos enamorado de este proyecto y hemos hecho toda una investigación. Comenzamos recogiendo relatos de los mismos chicos del colegio, buscando que generen lazos comunicativos con sus abuelos, para recopilar toda la información que puede haber, luego hemos hecho entrevistas a abuelitos de Tipón, y así poco a poco estamos armando una estructura de la obra.

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Y, en el futuro próximo, ¿qué presentaciones se vienen?

Carmita: En agosto la obra Amaru, una y mil voces, se presentará como parte del proyecto de formación de públicos en el distrito de San Sebastián y también estará presentándose en Ayacucho. Así mismo estaremos en el FAE Festival de Artes Escénicas del Cusco presentando la obra Frida Kahlo viva la vida.

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Muchas gracias por este compartir…

Gracias a ti.

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Transcripción: Berenicce Fernández.

Edición y formato: Mario Zanatta.

Fotografías: Maurizio Arias.

Redacción

Director de Prensa Escrita, Teatro Club. Actor, director, dramaturgo, investigador y difusor teatral. Licenciado en Formación Artística, Especialidad Teatro, Mención Actuación en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático. Participó en el Liverpool International Theatre Festival 2016, en donde fue premiado por su dirección de la obra De la Cocha al Mar.