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Editorial | Teatro Club

Editorial N°23 | Festivales y Desencuentros

Pocas son las oportunidades para ver y vivir teatro, mañana tarde y noche. Peor si tu país se llama Perú. Es cierto, el teatro no es un arte masivo en ninguna parte del mundo, pero en el caso particular de nuestro país, el estado no ha tenido ni tiene una política con respecto a las artes escénicas y/o al arte comunitario. Los grupos minoritarios que tienen alcance a este arte, por lo general, tienen la suerte de habitar en un entorno cercano en donde existe un grupo de teatro/asociación/colectivo, que en el mejor de los casos con el mínimo apoyo estatal (y en mayor parte con ninguno) realizan funciones y/o festivales. La mayor parte de festivales, en oposición a lo que un consumidor habitual de teatro limeño clase media podría pensar, se encuentra en provincia. Sí, el gran esfuerzo que hace La Plaza con Sala de Parto, o esta especie de alianza de teatros para organizar el FAE, son los dos festivales con mayor visibilidad al espectador teatral limeño, pero no son los únicos.

Estos días viene cerrando la edición más reciente del Festival de Teatro Sala de Parto: festival de dramaturgia producido por uno de los espacios con mayor alcance a público y probablemente con mayor soporte privado. Lo particular de este Sala de Parto es que por primer año se realizó un encuentro que convocó a veinte personas que dedican su vida la teatro, entre artistas y gestores (10 de Lima y 10 de otras ciudades) denominado Punto de Encuentro. Una semana en la que se respiró, debatió, discutió, rio y vivió teatro; y en la que por sobre todo, se dejó oír una voz que casi nunca (o muy pocas veces) es oída en la capital: el teatro de provincia. Luego de una semana de espectáculos teatrales, conversatorios, visitas, desmontajes; de horas en el bus o durante las comidas, cargando nuestras diferencias geográficas, económicas y sociales nos encontramos en un mismo punto: a diferentes escalas, tenemos los mismos problemas en Arequipa, Iquitos, Ayacucho, Chiclayo, Tacna, Jauja, Cusco, Miraflores, Independencia, San Isidro, Comas, Barranco o Chorrillos; todos hacemos malabares para llegar al público; todos sufrimos abandono estatal; los recursos son limitados para todos, y por último ni siquiera sabemos quiénes ni cuántos somos.

Punto de Encuentro ha sido una iniciativa de los mismos gestores de teatro hacia este reconocernos tan necesario. Un paso dado por uno de los espacios culturales de arte escénico más importantes del país. Es fundamental que la iniciativa salga desde el mismo teatro y la gente que lo hace. Ya no esperar ni culpar al estado. El camino que toca recorrer es muy largo, pero por algún lugar se tuvo que empezar y ese paso ya se dio. Lo que sigue es no descuidar este primer Punto de Encuentro y plantear el segundo, el tercero, el décimo. En cada región, macro región y país. Los 20 artistas y gestores han vuelto a sus cabañas y ahora toca correr la voz. Hay una iniciativa. Se están empezando a tejer redes. Acabamos de saltar ese muro imaginario que existía (o aún existe) entre el que tiene recursos y el que no; entre el de Miraflores y el de Comas; el de Lima y el de provincia. Sala de Parto ha puesto el puente. Toca cruzarlo.

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