Crónicas

Crónica: “Caídas del cielo”

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El pasado martes 4 de setiembre asistí a la función prensa de la obra “Caídas del cielo”, escrita y dirigida por María Fernanda Gonzales, en la Asociación de Artistas Aficionados. En escena estuvieron Alana La Madrid, Martha Gecé y Rosabel Rojas.

Cada vez que asisto a la “A.A.A.”, suelo salir contento; esta vez no fue la excepción. Este teatro tiene ese lado rústico y natural que le da un complemento extra al hecho mismo de ver una obra.

Al ingresar al teatro, en escena se puede observar una guitarra, un estante con libros, una lámpara y una mesa con trago, al parecer todo ello nos deriva a una reunión amical. En escena tres chicas, una publicista (Lorena), una religiosa (Clara) y una chica que acaba de perder, para ella, su persona favorita (Azul).

Al transcurrir el tiempo, se va descifrando la relación o vínculo que hay entre estas tres mujeres, pues cada una tiene un sentir hacia una persona en común, el papá de las tres. Lorena, una chica de carácter fuerte, directa y sin sentimientos, empieza a contar lo que le sucedió con su papá. El rencor que tiene hacia él es muy evidente, puesto que todo el tiempo lo califica como un mal hombre, una persona que destruyó su vida y la llenó de infelicidad. Por otro lado, está Clara, una persona encaminada por Dios y la religión, quien no sabe nada de su papá, pues ni siquiera lo conoció en fotos. Luego está Azul, la chica risueña, alegre, pero triste porque acaba de fallecer su papá, su “héroe” como ella lo llama.

Cada una tiene una posición y pensamiento con respecto a su papá, como ya mencioné. Lorena tiene ese resentimiento porque su papá la abandonó y golpeó cuando era pequeña. En el caso de Clara, si bien en un comienzo se la ve muy tranquila y con ganas de solucionar las cosas, pues está muy animada en conocer a sus hermanas, cambia a raíz de todo lo que se desarrolla entre ellas, pues llegan a un punto de colisionar, para luego llegar al arrepentimiento. Azul, siempre defendiendo a su papá de los ataques de Lorena; para ella su papá simplemente fue el mejor hombre, a pesar que él quiso que ella se case solo para sentirse bien. Ella, quien al comienzo estuvo de acuerdo, va evidenciando su mal sentir, pues dice que no está preparada para asumir una boda a sus 20 años, pues ni siquiera lo hace por amor.

A raíz de ese desencadenamiento, las tres llegan a un punto en el que ya no pueden más con su carácter y culpan al papá de todo lo que les ha sucedido en la vida. Lorena lo culpa por la vida vacía que lleva, al parecer con evidente apego hacia el alcohol y el cigarro. Clara por su parte, siente esa ausencia de padre y el cariño que debió recibir, ella misma menciona que lo que no encontró en un padre terrenal lo hizo a través de un padre espiritual. Azul, por su parte, lo culpa por el compromiso de casarse, pues ella dice que no tiene la edad suficiente para dar ese paso, que ahora se siente comprometida con ese tema y que será difícil hablarlo con su prometido.

Después de todo ello, Azul y Clara, llegan al punto de romper las fotos de su papá y Lorena, evidentemente aún con el sentimiento de por medio, las culpa y las recrimina, pues ahora sí ya no queda nada de él para ella, ni siquiera un recuerdo. Finalmente, llegamos a ese momento en el que Lorena y Clara se van, pues ya no queda nada más que hacer en la casa de Azul, las tres con sensaciones encontradas, procuran despedirse de la mejor forma y sin sentimientos o rencores de por medio.

De tantas cosas que deja la obra, me quedo con una descripción: “Estamos en un momento en el que nadie se atreve a comprometerse, a tener una familia para luego establecerse”. Considero que el de la familia no debe ser una obligación, pero se debe tener un hilo muy coherente para no afectar a demás personas a raíz de ciertas decisiones, porque en la mayoría de veces los más afectados son personas que no tienen la culpa de nada.

Los invito a ver la obra que se estrenó el 7 y va hasta el 23 de septiembre. No dejemos de consumir teatro y disfrutar de una función que te llevará a reflexionar sobre la familia y la vida misma.

Estudiante de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático. Llevó cursos de clown e impro en la A.A.A. con Percy Velarde, y talleres de actuación con Daniel Dillon y Ramón García.