María Teresa Zúñiga | Jorge Luis Miranda

"Expresión del Teatro desde el interior" Una mirada desde el interior sobre el teatro, eventos culturales, elementos y componentes de la pedagogía teatral en los procesos creativos.

Columnista de Teatro Club

Teatro: vocación, oficio y compromiso

“La verdad se impondrá por encima de todo, porque la justicia divina llega tarde o temprano.” Muchos, a pesar de saber sobre esto, siguen haciendo uso de artimañas, amistades y favorcitos para llenarse los bolsillos, para saciar una gula inmoral que envenena el alma y empobrece más a los pueblos, lo adormece, lo vuelve conformista, lo enmudece con la desinformación y la falta de una buena instrucción. Es más que necesario encontrar un espacio, en el que la desidia de pensar en que los gobernantes no van a cambiar, de un giro radical, que pueda crear una conciencia social, fortalecer el compromiso humano que tenemos con nuestro prójimo. La expresión más pura del sentir humano es el arte, con su gran capacidad de sensibilizar, despertar pasiones y concientizar a cualquier ser pensante de nuestro planeta.

“El enfermo imaginario” de Molière.

El arte ha sido compañero fiel del hombre para convencer al hombre, para despertarlo, para hacerle entender que no es imposible romper las barreras que se interpone en el camino de los sueños, de las esperanzas y de una vida plena. Ya en Grecia, la tierra que vio nacer al teatro, Sófocles hace uso de su genio para cuestionar las costumbres, creencias míticas y darle protagonismo a la mujer; Edipo, Electra, Heracles y Antígona, personajes que representan fielmente su ironía existencial y alejan a la mitología de las costumbres y la realidad, mostrando que el hombre es dueño de su destino. Siguió su camino y dejó una gran herencia a pesar de las críticas, a pesar del descontento de muchos, que fueron los antagonistas de su vida.

En el siglo XVII, haciendo uso de su talento para la comicidad, para divertir y hacer reír al público, para representar y burlarse de los injustos; criticarlos y caricaturizarlos. Molière, en Francia, ridiculiza a las preciosas damas de la nobleza, pone a la luz el lado más absurdo de la banalidad y la pompa exagerada de su época, juega con la falsa moral de los clérigos y los descubre ante una pueblo que reía y reflexionaba con sus puestas en escena; puso en evidencia la incapacidad de aquellos notables hombres que con sendos remedios trataban a enfermos imaginarios y poco podían hacer por aquellos que padecían verdaderas enfermedades, como él. Bajo la protección del rey y con gran ironía muestra al mundo la podredumbre de una sociedad con una moral de cartón. Y lo hizo hasta el último momento de su vida, encontró el final sobre el escenario que fue tribuna para alzar su voz y su inconformidad.

Hace casi cien años, mostrando un espíritu rebelde desde muy joven, Bertolt Brecht hizo evidente su descontento ante una Europa fría e indiferente, de igual manera criticó al teatro de la época, la calificó de intrascendente, superflua y carente de esencia. Fue así como impulsó un nuevo teatro, con contenido y estética muy particulares; terrible para muchos, genial para otros. Se convirtió en un personaje polémico en su tiempo y un hito para la historia del teatro en la posteridad. Resaltó su carácter y pensamientos socialistas, algo muy peligroso para inicios de siglo. Aun así continuó el difícil camino que se trazó, al lado de Madre Coraje y de un alma buena y solitaria de Zschwan que aún conservaba su humanidad, en medio de obstáculos, de las críticas, de las persecuciones; arriesgó su vida para buscar el cambio social a partir de sus obras, con sus personajes buscó sensibilizar a sus espectadores, mostró lo cruel que pueden ser las guerras, la indiferencia, la corrupción entre las altas esferas y las consecuencias funestas para el pueblo, los marginados, los pobres. El teatro épico se hace vigente y se universaliza al mostrarnos la esencia humana.

“Madre coraje y sus hijos” de Bertolt Brecht.

Así como ellos, autores, directores y actores en la historia del teatro, alrededor del mundo, han creído en el cambio del pensamiento humano, a partir de sus textos, representaciones y personajes, que sorprendieron, entre tragedias, comedias y dramas; con estéticas nuevas y temáticas acorde a su época, y es así que en todas encontramos como tema principal al hombre, a esa condición única cargada de dignidad, justicia y respeto. Es así que ahora necesitamos más que nunca del ingenio de Sófocles y su teatro clásico, de la risa de Molière para ironizar a los personajes que llevan las riendas de nuestro país y devolverles con sarcasmo inteligente sus burlas y accionares que han ido atentando contra la dignidad de nuestro pueblo; ahí es donde se hace presente el atrevimiento, la rebeldía y valentía de Brecht que no se amilanó ante la presencia de uno de los dictadores más sanguinarios de la historia. Los tiempos actuales los hacen vigentes, ante la injusticia y corrupción de los grupos de poder, ante aquellas mujeres que luchan por su dignidad y sus derechos, ante aquellos enfermos que caen en manos de médicos imaginarios, ante aquellos que buscan cambiar su destino y se atreven a desafiar al poder. El teatro con su creatividad, disciplina y particularidad puede aportar al proceso de cambio que tanto esperamos.

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Jorge Luis Miranda.

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