Diego La Hoz

"HIC ET NUNC" (Aquí y ahora)En esta columna podrás encontrar una mirada panorámica de los diversos teatros del Perú y su relación con lo colectivo como forma de resistencia en los territorios más vulnerables de la creación. Las nuevas generaciones del teatro tendrán especial atención.

Columnista de Teatro Club

El rey ha muerto

“Un Poyo Rojo” (Argentina).

Estoy convencido de que la masculinidad debe ponerse en jaque. Debe ser puesta en cuarentena para evitar una pandemia. El rey ha muerto y no hay marcha atrás. El teatro actual, como espacio libertario, ya ha comenzado a dinamitar sus propios discursos hegemónicos. Un logro que tiene herencia en las mujeres que fundaron el 23 de diciembre de 1963 Homero Teatro de Grillos y que, oportunamente, no serán reconocidas como las iniciantes del teatro de grupo en el Perú. Aurora Colina y Sara Joffré son las madres del teatro peruano pese a quien le pese. Madres creadores y de fertilidad ineludible. Los padres lo traicionaron con la soberbia del macho dominante. En los años ochenta, otro grupo atípico, Teatro del Sol, pone en manifiesto un cuerpo distinto. Pipo Ormeño y Beto Montalva reescribieron discursos desde la no heterosexualidad. En un ataque frontal al pensamiento binario y patriarcal. A pesar de que este es un movimiento global donde la estética de lo bélico ha sido reemplazada por la estética de lo femenino, en nuestro país ya es palpable este teatro que, más allá del activismo, está movilizando a las nuevas generaciones de creadoras y creadores escénicos. Están siendo modificados radicalmente. Ya podemos observarlo como un fenómeno de gran alcance que está redefiniendo la escena nacional de manera irreversible. Amén.

“Dos calculadores” de José Manuel Lázaro.

Hace unos días, en el marco del Festival Sala de Parto 2018, se presentó Un Poyo Rojo (2008) bajo la dirección de Hermes Gaido. Obra argentina que hace una década recorre el mundo mostrando una impresionante destreza física y la explosiva convivencia de dos cuerpos (¿masculinos?) que se rev(b)elan en un abanico de posibilidades infinitas. Las capas de análisis de este espectáculo merecerían un ensayo aparte. Algo similar sucedió con una obra brasileña que se presentó en el Primer Festival Internacional de Artes Escénicas por la Diversidad 2017. A propósito escribí lo siguiente: Brasil nos sorprendió con Berlim: Dos corpos à procura (2015). Karma Compañía de Teatro es un proyecto joven interdisciplinario de formato itinerante que ha recorrido gran parte de su territorio mostrando situaciones conflictivas y violentas desde dos hombres que se conocen en una discoteca. Aquí también son dos cuerpos. Deconstruidos. Feminizados. Dinamitados por el deseo oculto y dispuestos a asumir las consecuencias que el sistema demanda.

“La casa de Bernarda Alba” – Asociación Cultural Puertabierta (Cusco).

En esta intención reformista se alinean interesantes propuestas de nuestro teatro nacional. Hacerse Hombre (2018) de Rodrigo Mosqueira dirigida por Josué Castañeda, El anhelo de Juan (2016) de Telmo Arévalo dirigida por Leonor Estrada, Dos calculadores (2017) de José Manuel Lázaro y Solo repetición (2018) de Araceli Arreche dirigidas por Javier Quiroz, Los regalos (2015) de la Compañía de Teatro Físico. Por otro lado, y con diversos matices, nos encontramos con el colectivo Panparamayo de Lima, con las inquietantes construcciones físicas del grupo Expresión de Huancayo, con las propuestas de la Asociación Cultural Puertabierta del Cusco y con las aproximaciones del grupo Gallito de Papel de Arequipa. Imposible dejar de nombrar a Miguel Gutti con Cinco metros de poesía (2018) de Carlos Oquendo De Amat y a Eduardo Flores con la Noche oscura del cuerpo (2016) de Jorge Eduardo Eielson. Ambas, versiones propias, libérrimas y de alta poesía, ponen en crisis al hombre moderno para celebrar el nacimiento de ese otro que renuncia a su identidad impuesta. Con EspacioLibre hicimos indagaciones desde 2002 en la textura de los cuerpos como portadores de discurso. Cuando el día viene mudo (2006) fue una obra que logró sintonizar con curiosa precisión discurso y estética. Sin embargo, RaTsodia (2016) nos permitió revisar la vigencia de ciertos conceptos que, una década después, habían mutado y necesitaban ser confrontados con un espacio menos contenedor y más político.

“5 metros de poesía” – Teatro Laboratorio (Cusco).

Franklin Dávalos, Karlos López Rentería, Omar Del Águila, Javier Quiroz fueron piezas claves en esta aventura creadora y de-formadora. Franklin se especializó en danza. En 2017 estrenó la obra Bárbaro. Espectáculo que convoca actores del grupo Cuer2 quienes fueron (también) fundamentales en esta búsqueda del nuevo teatro ¿vanguardia? del siglo XXI. Hebras (2011) bajo la dirección de Roberto Sánchez Piérola resume muy bien el aporte indiscutible de Cuer2. Sin embargo, pareciera que la danza toma un especial protagonismo y nos separa del centro mismo de la búsqueda. El pensamiento eurocéntrico se encarga de hacernos creer esta ilusión separatista. Nada más lejano. Pienso, más bien, en el arte oriental y su permanente estado convivial. La danza sirve al teatro y viceversa. No hay fronteras. Muy similar a la cosmovisión precolombina del arte en este lado del mundo. Si nos observamos así, es más probable que nos sintamos más cerca y más certeros en nuestras combinaciones escénicas. Otra plataforma que se ha apropiado de esta estética de lo femenino son los colectivos de activistas de la comunidad feminista y LGTBIQ. Absolutamente lógico en esta lucha mundial por conquistar los derechos básicos del ser humano: la libertad y el respeto a lo diferente. Artivismo le dicen porque usan el arte para sus acciones de empoderamiento ciudadano. La estética queer es el mejor ejemplo de esta feminización de la escena mundial.

¿Qué estamos haciendo para “exportar” el teatro peruano sin caer en las exigencias de la industria cultural y la tendencia a la estandarización de formas y discursos escénicos? Preguntó la reconocida investigadora cubana Magaly Muguercia en un encuentro que tuvimos gracias a la gestión de la Escuela Superior de Arte Dramático (ENSAD).

“Cuando el día viene mudo” – EspacioLibre (Lima).

En ese punto, y casi al final de la reunión, y luego del acostumbrado “busquemos al culpable de nuestros males”, el silencio incómodo solo demostró que muy poco hacemos para sincerarnos. Siempre elegimos el camino de la queja nostálgica o la verdad mesiánica. El espíritu bélico que aún arrastramos en el juego del mainstream no es más que la prueba de nuestra inmadurez creadora. Creativos somos todos. Creadores muy pocos. Poquísimos. Preferimos importar, copiar, volver a freír en el aceite quemado del siglo pasado. Perpetuar per secula seculorum el cuerpo colonizado por el falo-logo-centrismo y el sistema patriarcal. Muy poco hacemos por aflojar el nudo de la corbata. Menos aún por escupir la vergüenza y el qué dirán. Y por supuesto, ni pensar que somos capaces de sembrar flores en nuestra piel que puedan crecer libres de prejuicios y con la dulzura en justa medida. Ni más, ni menos. El rey ha muerto y no hay marcha atrás. Si se te cae el jabón, causita, ¡recógelo sin miedo!

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