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Celeste Viale

¿Cómo es que llega al teatro?

5M6A8822Mi primer recuerdo del impacto que ejerció en mí la magia del teatro proviene de una presentación de títeres japoneses en el Museo de Arte Italiano a la que mi madre me llevó siendo muy pequeña. Quedé deslumbrada. Luego vinieron experiencias de participación en casi todas las veladas escolares: la interpretación de personajes en breves piezas (generalmente de carácter histórico o religioso), el ballet o la declamación de poesías. De allí, mi entrada al TUC. Cuando era alumna de Periodismo en la PUCP me entero de que había esta posibilidad de estudiar teatro, y con un grupo de compañeros del salón decidimos intentar suerte. Ingresamos algunos, sin que ello fuera a significar el cambio de nuestra opción de estudios. Pero tuve la suerte de tener a Ricardo Blume como maestro y a otros excelentes profesores de canto, baile, expresión corporal, maquillaje. Las clases y la convivencia en el grupo fueron comprometiéndome cada vez más con esta pasión que perdura hasta hoy. Además conocí a Jorge Chiarella, quien era el asistente de Blume, me enamoré y me casé con él años después. Luego, el Grupo Telba de Barranco me invita a dirigir una obra para público infantil. Me quedé diez años actuando y dirigiendo tanto en teatro para la infancia como para adultos. Fueron tiempos de un trabajo colectivo muy intenso pero hermoso. No teníamos productor y nos agenciábamos entre todos el costo de cada proyecto. Unas veces actuábamos, otras éramos los boleteros, sonidistas o utileros. Fuimos aprendiendo de todo y de todos. Un verdadero “teatro de grupo”. Posteriormente, Jorge Chiarella funda el Grupo de Teatro Alondra con el objetivo de hacer teatro peruano explorando nuevas rutas escénicas y me invita a ser parte del elenco de la primera producción ¿Amén? Con Alondra realizamos varias obras de creación colectiva con las que salimos de gira por el Perú y el exterior. Yo ya había tenido a mis dos hijos.

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¿Por qué esa decisión de dedicarte también al público infantil?

Fui invitada a Telba precisamente para dirigir una obra de teatro para la infancia, Los cuentos del miedo son cuentos de ayer de Felicidad Orquín y Eva Forest, un texto que cuestionaba ciertos métodos de crianza basados en amenazas y el miedo. Sentimos, entonces, la necesidad de seguir indagando sobre estos temas más allá de las obras clásicas. Yo acostumbraba a contarle por las noches a mi hijo Jerónimo, cuando tenía más o menos un año, cuentos que me inventaba, y fue a partir de este vínculo con mi hijo que comienzo a escribir teatro tomando los temas y personajes de esas narraciones. Curiosamente mi primera obra se llamó Ya hemos empezado.

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Qué bonita manera de empezar a escribir teatro….

Sí. Fui gestando una obra mientras lo hacía dormir. Bonito. Luego nació mi otro hijo, Mateo, y escribí una para él: La melodía misteriosa.

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¿Qué era eso que quería que tuviese su teatro para la infancia?

Queríamos estar más cerca de nuestra realidad social, estamos hablando de la época de los 70’ 80’, hubiéramos podido también hacer adaptaciones de obras clásicas pero optamos por crear nuestros propios textos sobre los temas que nos preocupaban, fue así que algunos miembros del grupo como Mirtha Monge, Jorge Chiarella y yo, nos pusimos a escribir obras que después presentábamos los sábados y domingos en el espacio donde ahora se ubica el Museo de Arte Contemporáneo en Barranco. Allí había un teatrín que Telba había5M6A8832 acondicionado y que fuimos mejorando poco a poco. Tuvimos mucho éxito. Fue una época de gran auge para el teatro familiar. Una época donde los diarios se preocupaban seriamente por la información teatral de las carteleras, tanto de la de adultos como de la de niños. Donde la crítica teatral se ocupaba de las producciones para la infancia con igual exigencia. Una pena que todo ello se haya perdido.

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¿Y después qué vino?

Bueno, pasé a formar parte del grupo de Teatro Alondra, donde trabajamos en la modalidad de creación colectiva con autor. Invitamos para ello a Juan Rivera Saavedra, quien recogía el proceso de las improvisaciones y reflexiones guiados por la batuta del director, que en este caso era Jorge. La escritura final de la obra provenía del encuentro de la visión del director con la del dramaturgo. Esta es una manera de abordar la creación colectiva. Es un trabajo interesante pero también intenso porque tienes que dedicarte no solo a actuar sino a estar pendiente del desarrollo de la historia, confrontar permanentemente los puntos de vista que a veces resultan ser bastante diferentes entre los distintos participantes del colectivo. Los tiempos resultan por lo general cortos.

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¿Qué obras trabajaron con Juan Rivera Saavedra?

La primera obra fue ¿Amén?, luego vinieron Dos mañanas, ½ kilo de pueblo, ¡Ya viene Pancho Villa!, De pasar no pasa, Volver a vernos

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¿La única experiencia de hacer creación colectiva con autor fue con Juan Rivera Saavedra?

No, con Fedor Larco y Max Silva Tuesta creamos Volver a vernos, con la que viajamos a Alemania. Allí dejamos la creación colectiva. Luego vino En un árbol sin hojas, la primera de mis obras para adultos.

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¿De qué trata En un árbol sin hojas?

5M6A8840Son tres mujeres de generaciones distintas enfrentadas por el afán de salvar de la desaparición a una antigua emisora radial. “Si te interesa, ve tú como la sacas a flote”, le había dicho el dueño de la radio a su leal asistenta antes de cerrar la puerta para irse. Blanca, una mujer más allá de los 50, quiso asumir el reto junto a dos mujeres desempleadas que respondieron al aviso del periódico. Raquel de mediana edad y Lucía, una jovencita de 18 años. Entonces, en la lucha por la sobrevivencia se da este encuentro de visiones divergentes sobre el presente y el futuro del país, cada una con vidas y experiencias muy distintas. Esa era una de las cosas que más me interesaba en esos años, mostrar situaciones límites en época de crisis. Los vínculos que se generan desde los intereses particulares y las estrategias que desatan las mujeres ante una inevitable y perentoria convivencia. Vivíamos el primer gobierno de Alan García. Época de la lucha de la mujer desde las organizaciones populares para enfrentar la salud, la alimentación y la pobreza de sus familias.

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¿Cuáles son los temas recurrentes o las inquietudes que, considera, más aparecen en las obras que escribe?

El tema de la mujer. Por ejemplo, en mi segunda obra, Zapatos de calle, si bien en un principio me dije: “no mujeres, vamos a tomar distancia”, “vamos hacia el pensamiento masculino, indaguemos en su lógica”. Pero en el proceso de escritura se me coló una mujer (risas) y empezó a tomar un protagonismo no intencionado y, si bien no se hizo del rol principal, sí tuvo una influencia gravitante en la historia. Esta vez no se trataba de tres mujeres confrontadas entre sí, sino de una abrupta irrupción femenina incomodando la vida de un hombre desencantado y solitario.

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Esa es, entonces, una de sus constantes…

Creo que sí. En la calle del espíritu santo, que pusimos en escena bajo la dirección de Mateo Chiarella hace cuatro años, tomé el caso de una esclava del siglo XVIII en el Perú, recreé la situación de esclavitud del personaje de Cayetana de Borja que indefectiblemente asocias a modernas formas de opresión y sumisión. En verdad, en mis obras siempre están presentes personajes femeninos fuertes. En esta última, por ejemplo, Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor, se muestra las vicisitudes por las que atravesó el poeta Leonidas Yerovi a lo largo de su vida, pero el personaje de la madre resulta siendo el eje vertebrador de la historia.

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Me parece que esa podría ser otra de las constantes, la de remontarnos a épocas pasadas, como por ejemplo hicieron con La controversia de Valladolid. ¿Por qué ese volver?

Creo que en las historias, tanto personales como colectivas, hay una fuente inmensa de aprendizaje y lo que hace el teatro es justamente sacar de la oscuridad esos pedazos ocultos de las vidas de hombres y mujeres, aquello que no percibimos a simple vista, en fin, lo que pasa inadvertido por el mundo. Y hay tanta riqueza en eso, es puro conocimiento nuevo. En una de las funciones de Yerovi, Vida y muerte de un 5M6A8835pájaro cantor, saliendo del teatro una persona me hizo este comentario: “qué importante es que se presenten a estos personajes que han sido parte de nuestra historia, porque nos permite reconocernos, redescubrirnos como peruanos, en nuestra idiosincrasia”. Las historias de nuestras familias nos ayudan a explicarnos muchas cosas a nivel personal y social.

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Ya conversando un poco de su proceso creativo, ¿cómo es que le nace el impulso para escribir una obra de teatro?

Hay imágenes o sensaciones que me persiguen por un buen tiempo y que son como señales que me indican que debo escribir algo en torno a ellas. Pero también hay historias que están allí, que se te presentan en el camino y te movilizan y haces el recorrido inverso, tú las persigues a ellas. En el caso de la obra En la calle del espíritu santo tuve la oportunidad de acceder a algunos expedientes judiciales del siglo XVIII conservados en el Archivo General de la República, los legajos que revisé me impactaron profundamente y aunque se frustró la invitación para escribir sobre uno de ellos, guardé una copia del expediente con la intención de retomarlo en algún momento y fui investigando, poco a poco, leyendo libros sobre la esclavitud en Latinoamérica y en el Perú sobre la cultura afroperuana, hasta que surgió la oportunidad de presentar el proyecto a Iberescena y, el obtener el premio, me permitió escribirla. Como ves, son diversas las motivaciones que empujan a un autor a escribir.

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¿Cómo nace este proyecto tan bonito de tener su propia casa cultural, Aranwa Teatro?

Bonito y difícil a la vez. Este es un proyecto de gran envergadura. Uno de los problemas que enfrenta el teatro es el tema de las salas, el de un espacio en donde los grupos puedan presentarse. No hay salas, las temporadas son cortas, a veces se ensaya tres meses para una temporada de 4 semanas, y ahí hay un costo-beneficio desproporcionado. Jorge y Mateo (mi hijo), como mucha gente de teatro, han padecido y padecen de esta carencia. Por eso decidimos apostar todos nuestros fondos, nuestro entusiasmo, nuestro tiempo y nuestras fuerzas para hacer realidad este proyecto.

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¿Y por qué un “teatro circular”?

En primer lugar, por una razón práctica. El tamaño del área con la que contábamos ofrecía mayores ventajas en arquitectura circular. Por otro lado, porque durante la experiencia del Teatro Alondra manejamos una propuesta minimalista, teniendo que acostumbrarnos a distintas condiciones de espacio y de economía de recursos. Hicimos mucho teatro en plazas, coliseos y estructuras circulares y nos entusiasmaba esa posibilidad más abierta. Nuestra idea también era que el público desde sus butacas tuviera una visión completa de lo que pasaba en escena. El arquitecto Eduardo Palacios nos hizo esta propuesta, nos encantó y convenció. Hemos cuidado mucho cada detalle técnico, de seguridad y confort. También hay que decir que el aliento y solidaridad de amigos y aliados favorecieron los vientos para concluir el proyecto. Nos sentimos acompañados.

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¿Cómo fue la transición de pasar del Grupo Alondra a Aranwa Teatro? ¿Cómo fue hacer teatro durante esos años?

Impulsamos el Grupo Alondra en los años 80’, cuando empezábamos a darle la cara al terrorismo. Vino el descalabro de las instituciones con el Fujimorismo y el florecimiento que habían alcanzado los grupos teatrales se fue deteriorando hacia los 90’. Recuerdo el día en el que colocaron una bomba en el Centro Comercial Camino Real ubicado frente al Teatro Real donde nosotros estábamos presentándonos con la obra En un árbol sin hojas. Teníamos función al día siguiente de ese atentado y dudamos mucho sobre la posibilidad de suspender la temporada. Pero decidimos continuar mientras hubiera una persona que insistiera en salir de su casa para ir al teatro. Hay otras experiencias similares en la historia teatral de aquellos años, de mucho riesgo. Está la del Grupo Umbral en el estreno de Belenes sofocos y trajines dirigida por Alberto Isola en el Teatro Larco. Ocurrió el mismo día5M6A8816 que el atentado de Tarata. El público escuchó la explosión, pero considerando que se trataba de un efecto muy bien logrado propio del montaje, permaneció en la sala. Solo al finalizar la función nos percatamos de la desgracia. Estas fueron las condiciones en las que hicimos teatro. Yo lo llamé “teatro de la resistencia”. Después apostamos por Aranwa.

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Aquí mismo además es que llevan a cabo la Escuela de Aranwa. ¿Por qué esta idea de enseñar actuación, dirección y dramaturgia?

Porque hoy en día hay mayor interés por la especialización, no todos los interesados en estudiar teatro apuntan a la actuación, hay los que quieren ser directores, autores, productores, escenógrafos, en fin. Nuestro proyecto ofrece, por el momento, la posibilidad de abordar el estudio teatral desde estas tres perspectivas íntimamente ligadas entre sí y que se complementan, la del autor, la del director y la del actor. Mira, tenemos muchos de nuestros alumnos de actuación que se interesan después por la dramaturgia o la dirección y deciden matricularse luego en esos programas y viceversa.

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¿Hacia dónde va la línea de formación que sigue la Escuela de Aranwa?

Nosotros nos preocupamos por ofrecer una formación integral, desde el aspecto técnico brindando las herramientas para la creación e interpretación, el desarrollo de las destrezas corporales y vocales; pero, además, ponemos atención a lo que es la disciplina teatral, la responsabilidad, el compromiso y el respeto; esos valores nos interesan muchísimo y forman parte fundamental de nuestra propuesta.

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Cuéntenos, ahora, un poco acerca de su última obra: Yerovi, vida y muerte de un pájaro cantor.

5M6A8845Bueno, esta es una obra que presenta la vida de Leónidas Yerovi, mi abuelo, las circunstancias que tuvo que enfrentar durante el corto tiempo que le tocó vivir, su muerte trágica y el alegato de su madre para revertir una sentencia injusta, sustentada en vicios procesales y el interés de algunas instituciones en socavar la imagen de un hombre muy querido a nivel popular pero muy incómodo para muchos por su pluma crítica y su humor ácido. A mí me interesaba presentar al hombre, más que al escritor, enfrentando sus contradicciones, al mozo alegre y melancólico a la vez, al amante incierto y fugaz, al activista preocupado y rebelde. Esto, en un recorrido complejo, dialogante entre la vida y la muerte que gracias a la maestría de la dirección de Jorge Chiarella y a la excelencia de los actores, se pudo plasmar en una puesta en escena de una estética conmovedora. Yo quería reivindicar la imagen de mi abuelo estancada en una circunstancia desdichada de su vida, que desmerecía la nobleza de su espíritu y la grandeza de su obra y no pude quedar más satisfecha con el resultado de la producción. Valió la pena todo el esfuerzo puesto en este proyecto, siempre estaré agradecida a Aranwa por asumirlo y a todos quienes de una u otra forma participaron en él.

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¿Qué nos podría decir de “Cola de Cometa”?

Es un lindo proyecto. Años atrás, cuando tanto Alberto Ísola como yo dejamos la dirección de la escuela del TUC, decidimos fundar “Cola de Cometa”, porque nos interesaba generar más espacios para la infancia. Desde entonces somos socios y hemos desarrollado no solo varias producciones teatrales presentadas en diversas salas de Lima y algunas provincias, sino también talleres y proyectos de responsabilidad social, trabajando con técnicas teatrales y títeres. Hay todo un camino muy interesante que hemos recorrido y que tenemos aún por recorrer.

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Ya finalizando, ¿qué proyectos tiene para el año?

Con Aranwa Teatro tenemos para el 2018 dos producciones propias, la primera, una adaptación de la obra Música de Mishima, bajo la dirección de Mateo Chiarella, y una segunda a cargo de Jorge Chiarella para el mes de setiembre. Nuestro Centro de Formación Teatral presentará las temporadas regulares de sus dos proyectos “Nuevos actores” en los meses de enero, febrero y junio, y el Festival “Directores en acción” en julio.  En cuanto a otros grupos independientes que se presentarán en el Teatro Ricardo Blume, están los proyectos de Alfredo Bushby, Norma Martínez, Jimena del Sante y el Festival de música SUMAQ. En teatro familiar contaremos con la participación de Cola de Cometa. Estamos muy felices por eso.

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Muchas gracias.

A ustedes.

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Fotografías: Sergio Vásquez.

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Autor: Mario Zanatta

Director de Prensa Escrita, Teatro Club. Actor, director, dramaturgo, investigador y difusor teatral. Licenciado en Formación Artística, Especialidad Teatro, Mención Actuación en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático. Participó en el Liverpool International Theatre Festival 2016, en donde fue premiado por su dirección de la obra De la Cocha al Mar.