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Alberto Ísola

El maestro Alberto Ísola y la producción de Almacenados, hicieron una pequeña pausa previa a la función, y accedimos a una amable conversación con el reconocido actor, director y maestro de teatro nacional. La sección Especiales tiene el agrado de contar con estas, las palabras de un hombre que lleva 48 años haciendo teatro.

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Buenas noches maestro, gracias por su tiempo.

Por supuesto. Gracias a ustedes.

¿Nos gustaría empezar conociendo cómo llega al teatro y qué recuerdos tiene de la primera clase o taller y función profesional?

Yo empecé a hacer teatro a los 15 años, estaba en el colegio Santa María en 2Monterrico. Nunca me había interesado demasiado el teatro, tampoco había visto mucho teatro, pero me gustaba mucho leer, y llegó un hermano Marianista que se llamaba Paul Forgach con quien estuve en contacto hasta que murió hace algunos años. Él fundó el club de teatro y me invitó a ser parte. Yo fui de puro curioso, vi un ensayo y pensé “esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida”. Así fue, así de claro. Empecé de pronto. Fui su asistente, pero al año siguiente a él lo mandaron a otro lugar, entonces yo dirigí la obra de fin de año. Ahí empecé. No he parado. Ya tengo 48 años de teatro. Qué bárbaro ¿no? (risas). Fui asistente de dirección, fui director, yo nunca quise ser actor, eso fue una cosa que vino después.

Yo fui de puro curioso, vi un ensayo y pensé: esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida.

Mi primera experiencia como actor fue en el año 72’, en el Teatro de la Universidad Católica. Estábamos haciendo la obra “A la diestra de Dios Padre” dirigida por Gustavo Bueno. Yo era su asistente, pero uno de los actores se fue, y yo lo reemplacé. Ahí empecé a actuar. Estudié teatro después. Mi acercamiento al teatro es muy distinto al de la mayoría de gente, yo primero hice teatro y después estudié. Estuve en el TUC, pero en esos años no había cursos de dirección; por eso me fui a estudiar a Milán (Italia) donde me quedé dos años y luego estuve en Londres 3 años estudiando dirección. Yo me gradué como director.

(…) nunca he pensado en dejar, nunca. Tampoco creo que pueda, me gusta demasiado. No me veo haciendo otra cosa.

¿Alguna vez, durante estos 48 años, se ha preguntado qué está haciendo en el teatro, o ha dudado seguir en esto?

Toda la vida. Siempre. Dudo todo el tiempo, en el buen sentido de la palabra, pero nunca lo he dejado, nunca. Y por más que haya habido momentos en que era difícil. Un par de veces me he ido del país a trabajar fuera en momentos muy difíciles: uno fue durante el primer “Alanazo” en el 88’, me fui a Argentina a vivir y a trabajar; y en el 92’, cuando pasó lo de Tarata yo estaba trabajando en el Teatro Larco que está a seis cuadras, y al día siguiente o dos días después, me fui a Venezuela. Felizmente ninguna de las dos posibilidades funcionaron y regresé. Pero nunca he pensado en dejar, nunca. Tampoco creo que pueda, me gusta demasiado. No me veo haciendo otra cosa.

¿En todos los ámbitos donde se desarrolla? ¿Dentro y fuera de escena? ¿En aulas?

Sí, claro. Después yo entré tarde en mi vida a la televisión, entré a los 46 años. Fue una experiencia distinta… que también me gustó. Ya no he seguido porque la televisión ha cambiado mucho. Nunca he pensado en hacer otra cosa.

¿Dado que en el país la crítica teatral es casi inexistente, alguna vez le interesó hacer crítica?

Si eres una persona que está metida en el oficio y eres director o actor, no puedes hacer crítica de tus compañeros, no me parece ético.

6Yo tengo varios principios bastante férreos, uno es ese, yo creo que una persona de la profesión no puede escribir sobre los demás de la profesión, no me parece ético. Yo sé que hay gente que lo hace. Me parece mal. Si eres una persona que está metida en el oficio y eres director o actor, no puedes hacer crítica de tus compañeros, no me parece ético; entonces abandona la carrera y dedícate a hacer crítica profesional. Habiendo dicho esto, me parece que la crítica es muy importante, y creo que sí debe haber crítica, y por más que a veces sea muy difícil y se molesten, me parece muy importante. Creo que no hay suficiente crítica aquí, hay muy poca y me gustaría que hubiera más, no de gente de teatro, de gente que son críticos profesionales como en el resto del mundo. Entonces si quieres serlo dedícate a ello, pero no dirijas ni actúes.

Bueno, acá en el país todo el mundo sabe quién es Alberto Ísola…

Pero me confunden a veces, me dicen usted es el señor Lértora, usted es el señor Brero… (Risas)

Por ejemplo yo estoy en la ENSAD, si digo “voy a entrevistar a Ísola” o “voy a hacer una obra con Ísola”, todos dicen “guao”. Con la trayectoria y el nombre que se ha ganado, ¿Qué objetivos tiene de acá para adelante?

Me encanta esta sensación de poder seguir trabajando con gente joven (…) Las obras que quería hacer, ya las hice todas.

Bueno, la primera cosa que tengo que decir es que me costó mucho llegar a donde estoy. Creo que eso es importante decirlo, porque a veces la gente cree que uno llegó de la nada. Tengo 48 años de todo: cosas buenas, malas, difíciles… ¿Qué me queda ahorita? Lo que más me entusiasma ahorita es… mira, esta obra la está dirigiendo Marco Mühletaler, la asistente de dirección es Daniela Lanzara y mi compañero en escena es Oscar Meza, todos jóvenes, y todos han sido mis alumnos. Me encanta esta sensación de poder seguir trabajando con gente joven. Yo ya no tengo planes muy precisos. Las obras que quería hacer, ya las hice todas. Por ahí aparecerá alguna, probablemente. Estoy realmente abierto a cosas nuevas y cosas que me entusiasmen. Me entusiasma mucho trabajar con gente joven. Creo que te sacude mucho; te hace ver el mundo de otra manera. Lo que más me interesa también, es Escena Contemporánea, es una pequeña productora que he formado con Juan Carlos Adrianzén y Magaly Bolívar. El año 2012 nos quejábamos por enésima vez en un café, y alguien de los tres, dijo: “¿Qué tal si no nos quejamos y hacemos algo al respecto?”. Ahora tenemos esta pequeña productora en la que hacemos cosas importantes para nosotros. Estamos haciendo El dolor de Marguerite Duras, que ha sido una experiencia muy importante porque se estrenó en Arequipa…

También fue para Chiclayo, ¿verdad?

Exacto. Chiclayo, Piura. Ya había pasado con Estrella negra hace un par de años. Ahorita eso es “mi camote”, es decir a lo que le tengo más cariño.4

¿Escena Contemporánea es específicamente de teatro?

De teatro y siempre con proyectos alternativos. Hace poco hemos hecho Imagina Shakespeare en el Gran Teatro Nacional. La idea es hacer cosas renovadoras, pero también con la idea de nuevos públicos que nos parece muy importantes.

Hace un momento hablaba de Oscar Meza y la gente joven con la que está trabajando, pero ¿Qué ve usted en un alumno o en un director o actor joven para decir “Yo quiero trabajar con él”?

Es algo que sientes. Cuando siento a una persona que realmente quiere hacer esto, (…) eso me entusiasma. No me fijo mucho en curriculums ni en trayectorias.

Es bien difícil de describir, tiene mucho de intuición. No tengo condiciones precisas. Claro, me tiene que interesar la obra, sobre todo. Pero más creo que tiene que ver con la convicción con las que estas personas enfrentan su trabajo. Es algo que sientes. Cuando siento a una persona que realmente quiere hacer esto, que está muy interesada en esto, que ve la obra de una particular manera, eso me entusiasma. No me fijo mucho en curriculums ni en trayectorias. Claro, trabajo con gente que conozco, pero podría perfectamente trabajar con gente que no conozco. Es eso, es una sensación, es bien difícil de describir. Es como un sentido, tú dices “esto sí vale la pena hacer”. Nunca me he equivocado. Siempre han sido experiencias buenas. A veces no hemos tenido éxito en público, pero siempre han sido buenas experiencias. Hay mucha gente muy interesante ahorita.

Claro, aporta el hecho que se sigan abriendo espacios educativos que ayudan a acelerar los procesos…

Exacto. Y hay mucha dramaturgia interesante. Siempre hay proyectos que aparecen por ahí que me sorprenden. Esta es una obra que no conocía, por ende cuando llegó fue también una sorpresa. Cielo Abierto es una obra que hice con Mateo Chiarella como director, Wendy Vásquez la actriz y Roberto Prieto el otro actor. Todos han sido mis alumnos. Me gusta esa sensación de poder renovarte con gente que te conoce, que conoces, pero que al mismo tiempo te plantea retos distintos. Lo peor que uno puede hacer en general, pero peor a partir de cierta edad, es sentarte en tus laureles, si es que los tienes. Lo que a mí me gusta es hacer experiencias que me cuestionen, que me cambien. Me gusta hacer experiencias distintas y ahorita eso es lo que más quiero hacer.

¿Y la escritura? Para teatro o en general.

Nunca me ha interesado. Bueno, me interesa escribir. Escribo y he escrito bastantes cosas sobre teatro. Estoy hace un montón de tiempo, tratando de escribir un libro que nunca termino sobre la historia del teatro peruano. Es un testimonio más que nada. Algo así como una reflexión. Esto porque durante mucho tiempo enseñé el curso de Teatro Peruano en la universidad y eso me obligó a investigar mucho. Dramaturgia no, hay demasiadas cosas buenas. ¿Ya para qué? A mí me gusta mucho hablar a través de otros. Nunca he querido escribir nada de dramaturgia, estoy muy contento con ser director, ser actor y ser profesor.

Entiendo. Hablando de “Almacenados”, ¿Qué ha adquirido de la obra?

Cuando tú te metes a un personaje aprendes muchas cosas sobre el mundo.

Bueno, la primera cosa es que uno siempre aprende trabajando con gente nueva. Mira, es un personaje que vive una vida lo más distante a la mía. Es un hombre que tiene un trabajo terrible, frustrante. Es un hombre sin ilusiones en muchas cosas. Cuando tú te metes a un personaje aprendes muchas cosas sobre el mundo. La capacidad de resistir de este hombre; esa capacidad de enfrentar una situación espantosa y salir adelante, por más que cuando tú ves la obra puedes pensar que este hombre está muy equivocado. Me gusta eso. Me gusta su sentido de la paternidad, que es una cosa que yo no tengo, porque yo no tengo hijos… en realidad sí tengo, porque todos mis alumnos son como mis hijos… pero en fin, me gusta mucho eso del personaje; me gusta mucho su mirada hacia el mundo, su relación con las hormigas (en la obra tiene una relación con las hormigas). Yo aprendo siempre de los personajes, y me encanta. Acabo de hacer un personaje en Cielo abierto que es todo lo contrario, un empresario despiadado, duro… y también de él aprendí. Entonces, creo que cada vez que haces un personaje aprendes algo; siempre y cuando hagas lo que creo que uno tiene que hacer con un personaje que es defenderlo. Meterte en su piel y defenderlo.

Claro. Y no juzgarlo.

No

¿Por qué es importante verla, qué está diciendo el autor con este texto, y por qué ponerla ahora en Lima en este tiempo?

3Mira, yo creo que es una obra universal, pero es una obra también sobre las generaciones porque esta es una obra de dos hombres que podrían ser padre e hijo o hasta nieto y abuelo. ¿Qué es tener un trabajo? ¿Qué implica tenerlo? ¿Qué es? ¿Cómo te enfrentas a una sociedad que aparentemente no puedes cambiar? ¿Se puede cambiar la sociedad? ¿No se puede cambiarla? Creo que es terriblemente actual, porque ves una generación que es la mía -la de mi personaje- que ve el mundo de una cierta manera, y la de un joven que lo ve de otra manera, pero el mundo sigue siendo un lugar cruel, un lugar injusto para la mayoría de gente. Después de lo que pasó en Estados Unidos y varias cosas que han pasado en este país, uno dice: “Dios mío, qué viene”, y creo que habla de eso, habla de qué se siente ser un habitante del mundo en el año 2016. Está muy bien escrita, es muy divertida también, pero sobre todo es una obra que te plantea varias preguntas sobre cuál es el sentido de tu vida en realidad, y qué rol cumple el trabajo dentro de ese mundo y la gran pregunta que la obra nos plantea es: cuánto realmente uno puede cambiar el mundo.

Sí, eso último que dice, me pasa bastante. Porque uno, por ejemplo, toma una postura política, social con respecto a lo que pasa, etc, pero luego abres los ojos y eligen de presidente a un tipo que dices “¡Dios!” y acá hay tipos en radio y televisión que hablan… entonces te preguntas “¿Para qué estoy haciendo todo esto?”

(…) tienes que pensar que a la larga si tú tienes vocación y una verdadera formación vas a prevalecer. Mucha gente se queda en el camino.

Bueno, yo creo mucho en dos cosas. Creo mucho en la vocación. Yo creo que la vocación es algo fundamental; pero también creo mucho en la técnica, en el saber, en el estudiar. Yo creo que a la larga da frutos. En mi caso, no he parado durante 48 años. En momentos difíciles puedo haberme ido del país, puedo haber pensado en otras cosas, pero nunca he parado. He resistido, he aguantado, pero también he prevalecido y creo que se lo debo a esas dos cosas: a una vocación, pero también, sobre todo, a haber recibido una formación que me ha dado la capacidad de seguir adelante. Claro, lo que dices es cierto, le dan trabajo a gente que uno dice “¿Por qué se la dan?”, uno se mata trabajando y después se la dan a otra persona, pero tienes que pensar que a la larga si tú tienes vocación y una verdadera formación vas a prevalecer. Mucha gente se queda en el camino.

Es cierto. Por otro lado, le comentaba a unos compañeros de primeros ciclos que iba a hablar con usted, les decía “¿Qué le preguntarías a Ísola?” La pregunta más común fue: “Qué es la acción”

Tú no puedes estar en el escenario sin saber qué es lo que estás haciendo, porque actuar no es estar, actuar es hacer.

7¡Ay, Dios! Haber, empecemos por lo que siempre les digo a mis alumnos; todas estas cosas que uno estudia: Stanislavski, Brecht, Grotowski, Eugenio Barba, Artaud, fueron personas que trataron de resolver problemas propios. Es decir, yo no creo que Stanislavski se podría imaginar que en un país Latinoamericano como el Perú, tú me ibas a estar preguntando en el 2016 “Qué es la acción”. Entonces, lo primero que les digo a mis alumnos es que todas esas personas trataron de resolver problemas concretos y encontraron algunas soluciones. Yo no enseño esto como soluciones, te digo: este hombre encontró esto, este encontró esto, etc. La idea de la acción en realidad no la inventó Stanislavski, es algo que viene desde Aristóteles, pero tiene mucho que ver con la idea de qué cosa es el teatro y qué cosa es actuar. La acción es simplemente saber que detrás de todo texto, de cada conversación tú estás tratando de conseguir algo de la otra persona. En el teatro clásico, cuando uno hace Shakespeare, él era un hombre que creía en la palabra; entonces, cuando los personajes en Shakespeare dicen las cosas, están diciendo lo que quieren decir. Chéjov fue el que cambió todo esto. A partir de él tenemos muchas dudas en el lenguaje y no confiamos en este. Cuando uno hace una obra de Chéjov, la pregunta es: ¿Qué actúas? ¿Actúas las palabras o lo que está detrás de las palabras? y la acción es lo que está detrás de las palabras. Dicho de la manera más sencilla, porque yo cada vez lo simplifico más: Tú no puedes estar en el escenario sin saber qué es lo que estás haciendo, porque actuar no es estar, actuar es hacer. Simplemente saber eso. A veces la gente se complica demasiado con eso, pero es tan sencillo como eso. El trabajo de actor –por eso nos llamamos actores- es hacer, y si no sabes lo que estás haciendo no puedes hacer nada. Es muy importante que tú sepas que detrás de todas esas palabras hay una intención clara, esa es la acción. Alguna vez grabé un video que está en youtube donde hablo también de la acción, pueden buscarlo.

Sí, me parece haberlo visto.

Me encanta porque alguien puso abajo: “Muy buen teórico, pésimo actor” (Risas) Por supuesto anónimamente. Me dio pena porque me hubiese gustado conversar. Me parece bien que te parezca mal actor. Lo que me molesta es cuando la gente escribe esas cosas nunca firma con nombre propio, entonces se quita una oportunidad de polemizar. Es increíble porque me escribe gente de otros países.

Grotowski decía que la técnica eran “buenos consejos”, eso me encanta.

Yo creo que la técnica en general es algo que te ayuda a hacer tu trabajo. La técnica es personal. Tú puedes hacer un poco de allá y de allá. Yo tuve la enorme suerte de poder estar cerca de una formación Stanislavskiana, una formación Brechtiana, y cuando ya estaba ahí me fui a estudiar con Barba porque quería saber. Hice un taller con Barba donde estuvo Grotowski, y yo te podría decir que lo que yo hago es una mezcla de todo. Hay cosas de Barba que me han marcado, a pesar de que yo no hago teatro como el de Barba, pero creo que todos los maestros te dan eso, herramientas. Grotowski decía que la técnica eran “buenos consejos”, eso me encanta. Yo te doy un buen consejo, entonces tú lo tomas o no. Peter Brook dice una cosa muy importante: “yo no creo que tú puedas tener sólo una manera de ver las cosas, pero al mismo tiempo uno no puede vivir sin una manera de ver las cosas”. Quiere decir que siempre hay una manera, pero esa manera evoluciona, cambia. La técnica también es una cosa que evoluciona. Yo he simplificado muchas cosas. Una persona que volvió a estudiar conmigo después de 20 años, me dice “me enseñas otra cosa”, y yo digo es que sí porque yo también he evolucionado.

Claro, no puede enseñar lo mismo de hace 20 años, ni lo mismo de ayer.

Claro, uno se da cuenta y dice esto no, esto sí. Bueno, debo alistarme. Muchísimas gracias por venir.

Gracias a usted maestro.

Suerte.

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Fotografía:    Sergio Vásquez

Autor: Daniel Zarate

Coordinador General - Teatro Club. Actor, dramaturgo, músico, profesor de teatro. Egresado de la carrera de Actuación en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático.