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Martín Molina

2Tú estudiabas psicología, y luego aparecieron los títeres. ¿Cómo es que optaste por dedicarles toda tu vida?

En realidad no tenía un camino muy claro, terminé el colegio y estaba absolutamente perdido, solo sabía que tenía que ir a la universidad para no defraudar a mi familia. Entonces, más o menos al azar, postulé a la carrera de psicología. Es ahí donde tuve mi primer contacto con los títeres, de manera, aparentemente accidental, casi “a la fuerza” a causa de una investigación experimental que me llevó a utilizarlos. Yo no quería, porque los títeres para mí eran algo de niños o de mujeres; yo no me veía “jugando con muñequitos”.

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Sin embargo aparecieron vínculos fuertes que hicieron que decidas dedicarte a los títeres…

Mi primer vínculo con ellos fue a partir del juego. Fue reencontrarme con lo lúdico, que era algo de lo cual me había distanciado, lo disfruté mucho. Luego vino el vínculo económico, porque descubrí que eso me podría generar ingresos, y de manera improvisada, con mucha audacia y sin tener mucha idea de lo que hacía, formamos un grupo de títeres que se llamó “La Pera”, íbamos a las escuelas a vender funciones cobrando poquísimo. Pero el vínculo definitivo fue cuando, sintiendo la necesidad de crecer, tomé mi primer taller de títeres. “Algo más debe de haber detrás de esto”, me decía. Tomé ese taller con Felipe Rivas Mendo, y a partir de ahí se me abrieron las puertas del universo. No sé si en algún momento decidí dedicarle mi vida a los títeres, creo que no, simplemente el camino se fue dando, y yo ya estaba con todo adentro, ya había renunciado a todo, ya era titiritero.

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Estamos en el 2018, no hay aún una escuela de formación profesional de títeres y el acceso a libros o técnicas sobre el tema es bastante limitado. ¿Cómo fue tu formación y cómo ha sido ese camino que has tenido que asumir desde que decidiste ser titiritero?

En nuestra realidad, la mayoría empezamos así, de manera aparentemente accidental, y nos vamos haciendo en el camino, tomando algunos talleres introductorios que te dan una base para iniciarte, pero en realidad lo fuerte del camino es lo tiene que recorrer uno solo. Bueno, solo no, acompañado de los títeres. Ellos te van enseñando, ellos son tus maestros, ellos y el público.

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Un titiritero se forma haciendo….

E investigando y leyendo. Es verdad que hay poco material accesible, pero aún así se puede conseguir. Ahora con el internet es mucho más fácil. Pero sin duda la mejor manera de formar a un titiritero es haciendo, confrontándose con el público y consigo mismo. Antes yo tenía la expectativa de encontrar un espacio formal de formación de títeres, pero a estas alturas, después de haber seguido el proceso que tuve, me gusta más que sea así. Ahora me siento parte de algo mayor. Ahora entiendo que los maestros antiguos sembraron sus saberes por todos lados para nosotros, a 4pesar de que no guardemos con ellos una línea directa de trasmisión. Hay que buscar estos saberes como pistas, y es tarea de uno tener los ojos abiertos y el corazón dispuesto para encontrarlos. Es ahí cuando vas tomando y encontrando, siempre con la humildad del caso, para entender que uno no está creando ni inventando nada, uno sólo está encontrando esas cosas que nos han sido dadas.

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¿Por qué dices que los títeres son un arte material?

Material pero con una esencia muy oral. Es una aparente contradicción, pero lo digo porque los títeres casi indispensablemente tienen que ser materiales. Por ahí, una vez, vi un trabajo  experimental en el que no eran propiamente materia, eran luz. Pero casi siempre deberían tener un cuerpo con presencia material que se le puede dar de diversas maneras.

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¿Con una esencia muy oral?

Hay una base oral muy fuerte, no por su vínculo con la palabra, sino por lo que sostiene; el  principal soporte en el que se mantiene nuestra tradición  titiritera y nuestras palabras es la oralidad. Porque nuestro arte, en su mayor parte, ha sido uno que se ha movido por los márgenes de la sociedad, en donde la escritura no entraba. Por ejemplo, se dice que no existe una dramaturgia para títeres pero en miles de años de historia ha habido (y hay) millones de obras que se han montado, entonces no podemos decir que no existe dramaturgia. Lo que no existe es una dramaturgia escrita, pero sí aquella que se transmite de manera oral y permanece viva gracias a su esencia. Muchos de los titiriteros no escribimos nuestras obras, las vamos concibiendo, ensamblando y armando, pero muchas veces sin llegar al papel. Sé que podría verse como algo informal, pero depende de la óptica desde la cual la veas. Yo reivindico mucho el que se entienda y se respete que los titiriteros tenemos unos modos de trabajar  y que no se nos puede evaluar ni juzgar desde la óptica teatral.

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Sin embargo, en todos estos años también te has dedicado a hacer dramaturgia de títeres.

Sí, claro. La mayoría de las obras que he montado las he tenido que concebir, pero no necesariamente escribir. Muchas de mis obras no están escritas y no me nace hacerlo, y no por eso tienen menos valor. Es uno de los modos  de hacer nuestra dramaturgia.

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Es muy valioso lo que dices. Todos los artistas tenemos que aprender a respetar las otras formas de arte escénico que hay y sus propias maneras de hacerse.

Y entender la especificidad sobre todo. Ahora yo reivindico la especificidad de nuestro arte dentro de las artes escénicas, con una identidad propia, con un lenguaje propio, con recursos propios, con modos y formas de hacerse propios.

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5¿Qué es por todo lo que tiene que luchar un artista que se dedica a los títeres en el Perú? Porque definitivamente no empieza y termina en el escenario…

Hace tiempo el maestro Carlos Ribotti, un reconocido teatrista peruano que ahora vive en Italia muy peculiar que viste y se comporta de una forma extravagante, me dijo: “Es que yo vivo en un estado poético constante”, y lo entendí. Los titiriteros vivimos un “estado titiritero constante”. Todo el tiempo somos titiriteros. Mira. (Coge un títere que está sentado a su costado y lo anima). Compartimos nuestra vida con ellos todo el tiempo, no salimos del escenario y nos quitamos el rol. Hay un vínculo con ellos, ellos no son la pieza que va a la caja cuando no los utilizamos. Es más, no los “utilizamos”, ellos son parte del elenco. Una característica de los titiriteros es que en el proceso de hacernos es casi ineludible que llegue el momento en el que tienes que optar por vivir de nuestro arte, y eso implica ser un titiritero a tiempo completo aún cuando no estás en el escenario, entonces los títeres terminan estando casi en todas las esferas de tu vida, eso nos lleva estar involucrados todo el tiempo con nuestro oficio. Ahí  viene la lucha, vivir del arte en un país como el nuestro no es nada fácil y más aún si te dedicas a un arte tan poco valorado como los títeres. En nuestro país no sólo falta apoyo al arte sino que sobran los obstáculos, es hermoso vivir del arte y para el arte pero al mismo tiempo puede ser muy duro.

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¿Cómo nace Tárbol teatro de Títeres?

Tárbol existía como un grupo de teatro antes de que yo ingresara. Hicieron una obra, se separaron, y luego se armó un proyecto con intenciones de hacer títeres. Para esto yo ya venía haciendo títeres y había tenido, también, una ruptura con mi grupo de ese entonces. Vino la posibilidad de formar parte de Tárbol, pero lo tomé como algo provisional hasta que, sin darme cuenta, fui asentándome. Tárbol es muy importante para mí porque significó plantarme como titiritero de una manera más consciente, asumiéndolo como un proyecto sólido, con pretensiones mayores, dándole rigor y seriedad a lo que estaba haciendo. Tárbol es, también, María Laura Vélez, mi compañera de grupo y esposa; juntos hemos construido lo que ahora es Tárbol en un hermoso proceso de aprendizaje mutuo que nos permite crecer juntos como artistas y como personas.

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Cuéntanos sobre la experiencia de sistematización y recolección del proceso que tuviste para la publicación de tu libro “Oficio de libres, del ancestral y contemporáneo arte de los títeres”.

El libro si bien acaba de salir, lleva sus buenos años gestándose y sus orígenes pueden encontrarse en esa  premisa de tener que investigar pa6ra hacerte. Desde cuando estuve haciendo títeres en mi primer grupo tenía la necesidad de crecer. Nosotros comprábamos nuestros títeres en el mercado central, no teníamos idea de que más se pudiera conseguir, nuestro teatrín era improvisado, las obras las concebíamos con creatividad pero sin mayor búsqueda para los ojos de un espectador que supiera de la consistencia real de un espectáculo de este tipo. Entonces llegó un momento en el que nos preguntamos: “¿qué más puede haber detrás de esto? ¿Dónde podríamos conseguir mayor respaldo?” Y me enfoqué en conseguir libros sobre el tema. Pero, ¿dónde? Era muy difícil, podía pasarme todo un día  recorriendo un campo ferial de libros viejos para encontrar una pequeña nota sobre títeres en una revista que iba comprando y atesorando. Así fue como encontré mi primer libro de títeres. Fue eso, una búsqueda de material bibliográfico. No existía o, bueno, yo no tenía acceso a internet. Aún recuerdo que lo primero que puse en el buscador ya cuando lo tuve fue “títeres”. (Risas). Es que los títeres son quienes me mueven en gran medida, en esa primera etapa de acopio de información lo que conseguía era mínimo y básico. Pero eso cambió cuando comencé a viajar con mi grupo, afuera encontré mucho material y comencé a empaparme de él. Entonces, contar con información por un lado y por el otro confrontarme con la experiencia día a día en el escenario me fueron llevando a procesos de reflexión sobre lo que hacía, encontrando un sentido, una forma, que al sistematizarse fue aterrizando en textos y en la necesidad de compartir y divulgar ello; ahí entra en un primer momento el proceso del fanzine “Mil Vidas”.

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¿Qué te motivo a trabajar un fanzine?

Ante esa dificultad para encontrar información, pensé también en compartirla además de buscarla y para eso el fanzine me pareció el medio ideal. La idea tomó forma cuando descubrí que en Argentina existía en fanzine sobre títeres llamado “El Fardón”, decidí hacer uno con identidad local, para mostrar diversas áreas del arte de los títeres. Para cada número yo abordaba un capítulo de corte teórico y de otros tipos también, que tengan que ver con el espíritu de ser titiritero. El fanzine me pareció el formato ideal para los títeres pues es una herramienta marginal y autónoma de comunicación, mientas que los títeres, del mismo modo, son un arte marginal y autónomo. Me pareció que empataban de manera perfecta. Comencé a darle forma y desde que empezó en el año 2004 hasta ahora ya se han editado once números hechos de manera artesanal reproducidos en fotocopia como los fanzines de los ochentas. Si bien mi interés siempre fue por la parte teórica, también recaí en lo testimonial y en la memoria, por ello plantee como una parte fundamental el publicar entrevistas a maestros titiriteros mayores, mostrando de manera más amplia lo que es el arte de los títeres y lo que es ser titiritero. En conjunto termina siendo un trabajo testimonial, quizás algún día sea un material valioso para alguien. Una siguiente etapa en este proceso de divulgación sería un libro, que era un proyecto a mediano plazo, pero gracias a que el proyecto fue seleccionado en una convocatoria de publicaciones lanzada por el Ministerio de Cultura el año pasado, al fin pude concretar el libro “Oficio de libres, del ancestral y contemporáneo arte de los títeres”, que se presentó el 12 de enero y ya está circulando.

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En este camino de la manipulación de títeres, ¿cómo nace el gusto por la elaboración de los títeres?

7A mí no me gusta llamarlo “manipulación”, porque tiene que ver con imposición, y la relación que un titiritero tiene con un títere no es así, es más bien de diálogo, de comunicación y encuentro. Yo prefiero usar el término “animación”, que es “dar vida”. La confección, por su parte, vino a la fuerza. Mi educación artística fue muy básica, nunca tuve manejo de técnicas ni materiales, nada. A la fuerza y por necesidad tuve que hacer mis primeros títeres, con mucho miedo e inseguridad, experimentando a partir de alguna pequeña referencia. Fue muy de experimentar, probar, ir viendo la relación con los materiales e implementos y también ir conociendo a los títeres, ir consolidando el vínculo, ir entendiendo que no es un proceso mecánico, es más, muchísimo más que eso; para mí es ponerse al servicio  humildemente y ayudarlos a tomar un cuerpo en esta dimensión material.

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Existe el mito de que los títeres son para niños. ¿Cuándo fue que te convenciste que es solo eso, un mito?

Cuando fui a la Biblioteca Nacional, donde había un directorio latinoamericano de títeres editado por el Centro de Documentación de Títeres de Bilbao con muchos texto de compañías de todo el continente, y más. Ahí, leyendo, encontré que había mucho trabajo para adultos. A partir de ello fue que comencé a experimentar también hacia ese lado de producción. Ese libro para mí era algo inalcanzable, y cuando lo tuve por fin en mis manos ni siquiera podía fotocopiarlo porque se desarmaba. (Risas). Lo que me llenó de mucha alegría fue que en un volumen posterior enviamos material de nuestro trabajo y aparecimos en ese directorio. Luego establecimos vínculo con la editora, que inclusive llegó a estar presente  comentando el fanzine “Mil Vidas” durante la presentación que hicimos en la Casa de la Literatura por la aparición del número 10. Me terminé de convencer de que  los títeres no son solo para niños al confrontar mi trabajo con el público. A las funciones que supuestamente son para niños va mucho público adulto, y disfrutan la experiencia tanto como los niños, cada uno haciendo lecturas según sus posibilidades y necesidades. Y, claro, también hacemos funciones solo para adultos, por ejemplo tenemos una línea de trabajo de corte gótico llevando nuestros títeres a conciertos de rock o eventos similares donde han sido acogidos y celebrados de manera totalmente natural.

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De todos los tipos de títeres con los que trabajas, ¿con cuál has generado una conexión más grande con respecto a la técnica?

Si bien he probado varias  técnicas, me quedo con el guante. Yo soy guantero por sobre todas las cosas, me fascina verlo y hacerlo. Es un vínculo natural que surgió desde mis inicios. Eso que no quiere decir que exclusivamente trabaje con guante, porque cada técnica puede complementarse con otras. No le quito valor a ninguna técnica, pero me encanta la vitalidad que tiene el guante, su dinamismo y la capacidad que tiene para desenvolverse en el escenario. Son títeres muy autónomos, es imposible ponerles límites. Me apena que sea una técnica muy poco valorada en estos tiempos de vanguardia por vérsele como muy tradicional y de esencia popular; se le suele ver por encima del hombro. Pero yo reivindico el guante, amo el guante y voy  a ser guantero toda mi vida.

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¿Cuál es la esencia popular de los títeres que tratas de plasmar en cada uno de tus espectáculos?

Los títeres de por sí son un arte muy popular, desde sus orígenes están vinculados a las calles, mercados y plazas. Son portavoces de las inquietudes, las necesidades, los dolores y las alegrías de la gente del pueblo. Los títeres están hechos por y para la gente del pueblo. Es una conexión natural, real y honesta.

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Cuéntanos sobre tu página web dedicada a los títeres.

Es mi blog www.detiteresenperu.com. Lo hice hace años y nació con la misión de visibilizar  la escena titiritera del Perú, mostrar lo que se hace a modo de cartelera, pero también comentar, informar y difundir, todo lo relacionado y lo que se hace con los títeres. Tiene mucha acogida, sobre todo afuera. Hay  poca respuesta de parte de la escena de aquí.

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¿El quehacer del titiritero ha emanado en ti una postura política?

Creo que es como el huevo y la gallina, ambas cosas están ahí. Yo, definitivamente, tengo una postura ante la sociedad y mi arte está impregnado de eso, no lo veo disociado. Pero no es que 8ser titiritero tenga como derivado tener una postura política determinada. Muchos titiriteros tienen una postura militante mientras que otros pueden ser totalmente indiferentes. A lo largo de la historia de los Títeres muchos de sus creadores han tomado postura producto de ello ha  habido  persecución y hostigamiento. No pocos titiriteros han sido encarcelados y  sus títeres también.

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Cuéntanos sobre tus proyectos futuros.

Uff, estoy haciendo tantas cosas. Lo más inmediato es el libro, moverlo, que circule. Afuera nos tienen mucha más expectativa que acá. Lo quieren leer desde Argentina hasta Rusia. Así que ahora nos toca traducirlo. (Risas). Tengo mucho material para transcribir para el fanzine “Mil Vidas”, pronto van a salir un par de números. Estamos montando “Churi” una obra que se estrena el 4 de marzo y que es producto de haber ganado el concurso “El barco de Vapor a escena”. También estamos armando giras, concretando cosas afuera y aquí. Tratando también de no descuidar  el trabajo en la calle, mi espacio favorito por sobre todas las cosas. La calle es un espacio valiosísimo para llegar a una cantidad enorme de público, por tanto, el trabajo en calle es una necesidad real que no se puede dejar de lado. A pesar que hay muchos inconvenientes al trabajar ahí, seguimos luchando para mantenerla. Estoy trabajando, también, en un proyecto de activismo con los títeres; ahora que la coyuntura está tan fuerte estamos armando cosas junto a amigos titiriteros. También estamos preparando cosas para adultos. Nosotros, como te comenté, nos movemos mucho en la escena gótica limeña, estamos preparando nuevas intervenciones  y vamos a grabar un videoclip para una banda gótica de Lima. Se vienen, además,  talleres y espacios valiosos para transmitir las herramientas de los títeres. Te dije, un montón de cosas. (Risas). Tenemos que hacer de todo, vivimos en una realidad en la que nos toca hacer de todo.

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Felices…

Felices y amando lo que hacemos.

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Muchas gracias por abrirnos la puerta de tu mundo y compartir con nosotros tus experiencias y tus vivencias.

¡Gracias a ustedes!

Fotografías: Sergio Vasquez

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Autor: Berenicce Fernández

Actriz y pedagoga egresada de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático - ENSAD.