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Jorge Villanueva

¿Cómo iniciaste en el teatro?

2Llegué al teatro buscando a través de varias profesiones, varias maneras de poder subsistir en el mundo. (Ríe). Estudié varias cosas pero me salí, fueron como 4 años de búsquedas. Cuando de pronto entré a un taller de teatro, vi una obra de Yuyachkani. Fueron varias cosas que hicieron resonancia en mí, que hicieron que me pregunte por primera vez, cuando tenía 20 años, si podía intentar un camino dedicado al teatro. Mi llegada al teatro fue a partir de un proceso de búsqueda, también por encontrarme a mí y un modo de vida en el cual no sintiera “tengo que ir a trabajar”, sino sentirme tan convencido de que esto es tan importante y que me llene, que es muy distinto. Y me ha pasado, cuando estás del otro lado… tener que ir a un trabajo muy desanimado que haces sólo porque hay que sobrevivir. El camino no fue fácil pero en el proceso lo tuve muy claro. Comencé en trabajos que no me gustaban para nada, hasta que un día me dije: “no importa que me demore más, voy a probar varias cosas y me quedaré con la que más me llene”, y así fue.

¿Y así también llegó la pedagogía?

Estudié en el TUC, ingresé a los 20 y salí a los 24. Al año siguiente, ingresó como director de la ENSAD José Enrique Mavila, quien me invitó a enseñar a los chicos de primer ciclo.

¿No te dio miedo?

Por supuesto, esos chicos solo eran un poquito menores que yo. Acababa de salir de la escuela. “Me van a hacer leña”, decía. Pero no, no fue así. Ese curso fue muy importante para mí porque desde ahí no he parado de enseñar.

Te apasionó…

No sólo me apasionó, encontré un camino distinto, el de acompañar procesos. Yo empecé en la pedagogía antes que en la dirección, y eso ha sido de alguna manera consecuencia de cómo veo el trabajo del director también. Yo no soy del tipo de directores que le dicen al actor lo que hay que hacer, sino por el contrario: “vamos juntos”. Esa promoción de chicos y chicas confiaron en mí, confiamos en ese momento que nos tocó. Hasta ahora nos vemos, nos marcó mucho ése encuentro, tanto así que quise volver, y lo hice 20 años después7. Fue difícil pero lo logré. Por eso yo le tengo mucho cariño a la ENSAD. Me gusta mucho que ahora, gracias a Ópalo, puedo estar en contacto e intercambio con tantos chicos de distintas escuelas, con tantas ganas de hacer teatro. No creo que sea sano estar en espacios que estén encerrados en una burbuja.

Pasaste de ser un chico de escuela a ser coordinador de la facultad de la misma. ¿Cómo se siente trabajar ahora en tu alma mater?

Ahora estoy trabajando de lleno en la facultad de artes escénicas de la PUCP, que es un proyecto que también tiene una historia hermosa. Empezó como una escuela y, tras más de 50 años, ahora es una facultad. Cuando fui alumno jamás pensé que iba a estar en un cargo como el que ocupo ahora, que es muy administrativo. Al inicio me chocó un poquito, pero me di cuenta que es un espacio para un profesor de teatro, no para una persona únicamente administrativa, porque lo que estoy haciendo es revisar el plan de estudios, pensar en los alumnos, hacer intercambios internacionales, es estar muy de lleno en la pedagogía. Es en ese plano en donde lo encuentro bonito. Y lo bonito también es estar en el proceso de consolidación de la facultad, de bisagra, en estos tiempos en el que se da la oportunidad que la escuela pase a la universidad, y es un desafío porque, si bien es bueno que ahora los estudiantes tengan las mismas posibilidades que los demás estudiantes de cualquier otra facultad, tenemos que negociar, en el buen sentido, para que no se pierda el carácter y la exigencia artística.

Y en este camino de la búsqueda por el compartir, ¿cuando fue que te dijiste: “vamos a abrir un espacio de búsqueda, de creación”? ¿Qué te motivó a abrir los talleres de Ópalo?

5Con el grupo ya veníamos haciendo varios montajes, los cuales  nacían siempre de una constante investigación. No queríamos partir de escoger un texto y simplemente hacerlo, sino permitirnos darnos el espacio de poder acercarnos a ese texto desde el lado de la exploración.Digamos que no lo hacíamos bajo la presión de que teníamos que presentarlo en una temporada. El taller nace cuando yo hacía Momo, teatro para niños, con Patricia Barreto, Moyra Silva y otros amigos que quiero mucho. Y justamente a Moyra, un día, le conté: “quiero hacer un taller, porque hay una serie de cosas que quisiera experimentar con personas con experiencia”, y me dijo: “si lo abres yo estaré ahí de todas maneras”. Ella no lo sabe, pero fue ese comentario el que me hizo pensar: “Qué bonito”. Me motivó. Y así fue como Ópalo abrió su primer taller, duró tres meses que se extendieron a seis, y a partir de ése he ido replanteando conceptos y creciendo cada vez más.

¿Ópalo te ayuda a potenciarte como creador?

Sí. El taller de formación actoral de Ópalo tiene cuatro momentos, y es en el segundo y cuarto momento donde buscamos potenciar el lado creativo, el lado de actor creador. Siempre me pregunto: “¿Cuál es nuestro teatro? ¿Cuál es el teatro de las nuevas generaciones? ¿Vamos a seguir repitiendo siempre lo que ya sabemos?” En ese sentido sí trato de transmitir mis propias inquietudes.

Por eso Ópalo es tu tierra de ensueño.

Cada taller es un viaje a todo nivel. Creo que parte de lo que me interesa, es crear un espacio en el cual tengas la libertad y la posibilidad de4 permitirte crear y producir. Es que el sistema mismo nos pone una pistola en la cabeza y nos manda a producir, producir y producir, y creo que eso es muy peligroso; pero al mismo tiempo creo que hay una dualidad, cómo sobrevivir sin producir. Es ahí donde me interesa promover el hacer de proyectos sostenibles que puedan darse sin que sean “producidos por producir”.

¿Cómo te iniciaste como director?

En la escuela había un curso de dirección que me tocó llevar. En ése momento pensé que no era para mí, porque lo pasé creyendo que no lo había hecho bien.  Debo decir que la realidad teatral era bastante distinta a como es ahora, pero aun así tras terminar el TUC tuve la oportunidad de trabajar durante dos años en una obra tras otra, con maestros como Alberto Ísola, Chela de Ferrari, Ruth Escudero; y algo pasó en ese tiempo de estar saltando de obra en obra, de director en director. Recuerdo claramente un día, cuando se apagaban las luces de la obra que estaba haciendo, que me di cuenta que algo no me estaba llenando del todo. Me dije: “¿Qué me pasa?” Me proyecté, ¿qué pasaría si en 20 años sigo saltando como actor? Era para mí como un reto, siempre era una experiencia distinta. Pero algo me empezó a suceder que quise atreverme a probar otras cosas, y fue en esa crisis que me puse a leer una novela que me gustaba mucho, Todos los hombres son mortales de Simone de Beauvoir. Comencé a hacerle monólogos a los personajes, llamé a mis amigos, les enseñe lo que había hecho y me dijeron: “que paja, hay que hacerlo”. “¿De verdad? Pero yo nunca he dirigido”, les dije. “No importa”. Y empezamos a ensayar, sin pretensiones de hacer una temporada o muestra. Ahí fue donde me di cuenta que eso me llenaba mucho. Y esa llamita terminó por volverse muy grande. Con esta misma obra terminaron por invitarnos a un festival de teatro en Brasil, en un teatro enorme, una hermosa experiencia.

Y así es como nace Ópalo…

Sí, ahí. Nosotros no nos reunimos para hacer un grupo que se llame “Ópalo”, ni pensamos en que iba a durar hasta ahora, para nada. Llegamos a Brasil y nos preguntaron: “¿Cómo se llama el grupo?” Y nos inventamos “Ópalo”. Todavía recuerdo que dijimos que volviendo cambiaríamos el nombre.

¿Qué pasó después de Brasil?

6Hicimos un segundo proyecto que se llamó Del sueño de las palomas, con gente que ahora considero como mi familia: Alberick García, Anabeli Pajuelo, Marcello Rivera, Kareen Spano, Yazmin La Torre y Carmen Aida Fébres. De ahí, con el pasar de los años, cada uno comenzó a hacer cosas por su lado, y quedamos como un núcleo, que ya somos los que hemos seguido.

¿Cuáles son los componentes que ves ahora en un texto que te hacen ponerlo en escena?

Son muchos, pero básicamente que sea movilizador en primer lugar para mí, que voy a estar absolutamente comprometido con ése texto, y que crea importante y urgente de hacer en este contexto. Y que, de alguna manera, deje algo importante a quienes lo vean.

He escuchado tu historia, de andanza, de escucha hacia uno mismo, exploración y riesgo. Me he sentido muy identificada, y dado que esta nota la leerán muchos jóvenes que probablemente también estén iniciando en el “sueño loco de hacer teatro”, ¿hay algún consejo que podrías darles?

Yo puedo ser muy idealista, muy apasionado. Entré al teatro un poco así sin pensar en que iba a pasar en el futuro. Mi entrada fue un poco irresponsable en ese sentido. Ahora estoy terminando de hacer una maestría, y creo que eso ha contribuido enormemente en mi trabajo como director, como profesional, como persona de teatro. Cuando era joven, o más joven, pensaba que estudiar otra cosa me podría distraer mucho de mi formación en el teatro. Ahora creo que complementa al trabajo teatral. No creo que haya un solo camino, definitivamente no. Por eso, si tienen la oportunidad de acercarse a otras disciplinas háganlo sin el temor de estar traicionando al teatro, porque si nos volvemos puristas también nos encapsulamos y no vemos otras cosas. Si tienen la oportunidad de estudiar otras cosas, a buena hora, al final todo se va a nutrir, complementar y articular. Ahora lo interdisciplinario está dando la hora, es lo que se está experimentando fuera de las fronteras. Y para personas ya de teatro, les diría que es una carrera de largo aliento, es muy dura en el sentido de que a veces no te puede ir tan bien, ya sea porque no va mucha gente a ver tu obra o porque alguien dijo que eres malo. Finalmente, hablar es lo más fácil y uno está expuesto allá al frente. En ese sentido, ésta es una carrera de mucha resistencia. Una vez escuché decir: “No hay teatro, no hay apoyo del estado, no puedo hacer mis obras”, a lo que alguien le respondió que no es que no hayan teatros en sí, sino que tal vez el proyecto en sí no tiene la potencia para salir a la luz. Y eso es finalmente el capital humano. Si tienes un buen proyecto defiéndelo, porque va a salir. Pero si no es un3 buen proyecto tal vez al primer obstáculo pueda que te conviertas en esa frase, “no hay teatro”. Ahora hay más espacios no convencionales, gente que convierte su casa en teatro, hay más resistencia. Sí, yo puedo ser muy idealista y decir “sí se puede”. Creo que también debemos pensar en estrategias para poder vivir del teatro, porque no es imposible. Un buen proyecto consigue avales, financiamientos, encuentra su camino, su espacio. Pero para tener un buen proyecto se necesita un montón de chamba, un montón de estudio, de trabajo, de entrega, creer que ese proyecto es tan potente que nada lo va a detener.

¿Te vamos a ver pronto en escena?

Sí, bueno, dirigiendo. Estrenaremos Casa de Perros el 5 de octubre, una obra nueva, peruana, escrita por Juan Osorio. Él es un autor que viene de las artes plásticas, con una sensibilidad muy profunda y aguda, que ha escrito este texto contextualizado en la época de la reforma agraria; y bueno, son más de 15 actores en escena. Esto va a ser en el ICPNA de Miraflores, es un proyecto presentado por la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP. Por otro lado, vamos a hacer La niña fría a fin de año, como parte del cierre del VIII Taller de Ópalo. En abril del próximo año haremos una reposición de Calígula; y, también para el próximo año, un proyecto con la facultad del que aún no puedo hablar. Y, obviamente, Ópalo para rato. En diciembre salen las convocatorias, comenzamos las audiciones a inicios de enero y comenzamos el taller a fines del mismo; dura un año.

Gracias Jorge por permitirnos entrar a tu universo.

Gracias a ustedes.

Fotografias: Sergio Vasquez

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Autor: Berenicce Fernández

Actriz y pedagoga egresada de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático - ENSAD.