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Lo que significó “Desde afuera”

Para hablar de la obra testimonial Desde afuera, del Colectivo No tengo miedo, demos un rodeo.

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¿Qué es el testimonial?

Llamamos teatro testimonial a un teatro en el cual la persona en escena no representa un personaje: habla de sí en primera persona.

Hay un millón de problemas con eso. El mayor es que el testimonio no es fuente de conocimiento confiable: no siempre sabemos si le testimoniante dice la verdad, y hay infinitos filtros entre lo contado y lo recibido en el espectador. Cuando alguien vive una experiencia la procesa en sus términos y esto siempre será parcial porque no podemos salir de nuestra piel. Las personas pretendemos entender el universo siendo pequeñitos pedazos de carne. Una vez procesada una vivencia queda a merced de la memoria, frágil y creativa. En su puesta y repuesta en palabra, transmutamos lo vivido en una sucesión lingüística que ya no se parece a lo que pasó. De yapa, no contamos las mismas cosas de la misma manera a distintas personas. Incluso si quien testimonia es 100% honesto, la memoria es una construcción y no un almacén, y como seres sociales que somos tejemos nuestra palabra según quién la escuche. En el teatro testimonial la dirección construye todo con alguna intención. Para colmo, el espectador entenderá lo que le da la gana. La no ficción es tramposa pues es una elaboración, y ni el documental más honesto nos deja acceder a hechos que no vivimos.

(1) Malu Machuca en Desde afuera

Malú Machuca en “Desde afuera”.

¿Entonces es mentiroso y debemos condenarlo? No. Pero su valor no está “solo” en su “verdad”. Miles cuestionaron las audiencias públicas de la CVR. ¿Cómo podemos “confiar” en un testimonio? Si bien hay un pacto de credibilidad en el momento en que nos sentamos a ver la obra no es eso lo más importante. Marina Otero, en Recordar 30 años para vivir 65 minutos, muestra que el género es imposible mientras se mata de risa. Lo que parece un relato sobre su vida se vuelve contradictorio, absurdo, interrumpido, autocuestionador (cito de memoria: “ustedes piensan qué han pagado para ver a una loca hablar de su promiscuidad y no me creen todas estas cosas”), hasta que es evidente que no, no es verdad lo que dice pero eso no importa. En la mentira o la ficción es donde más desnuda aparece Marina. Es un autoretrato en el cual lo verdadero y lo falso se cruzan para mostrar lo importante: la incapacidad de Otero de encajar en lo que se espera de ella y poder reconocernos todes en lo perdides que estamos.

No digo que les testimoniantes mienten. No lo creo. Lo que digo es que puedes creer que lo hacen y no importa. La palabra de le testimoniante no vale por su adecuación a un hecho, sino por su acogida por la audiencia. Quien la escucha la confronta con lo que conoce y, si hay match, la sala entera vibra en la misma energía. Hay obras testimoniales que logran que la audiencia entera explote en aplausos, gritos, risas y en las noches más felices estamos todes en el mismo barco. Alguien se para frente a ti a decir lo que necesitas escuchar, asegurándote que lo ha vivido antes y eso le legitima. Une no se siente sole en su miseria.

Según averiguo, el género, aunque debe al teatro documento del siglo XX, toman cuerpo los alemanes Rimini Protokoll y la argentina Vivi Tellas. A nosotros nos llega, sobre todo, por Lola Arias y su trilogía: Mi vida después (2009), El año en que nací (2012) y Melancolía y manifestaciones (2012), esa que vimos en Lima en las gloriosas épocas del FAEL (antes de que nuestro miserable alcalde nos lo quitara para robar dinero en by passes inútiles).

En Lima, entiendo, llega con la extraordinaria Criadero (2011) de Mariana de Althaus, que cuenta la experiencia de tres mujeres como hijas y madres en el contexto peruano. Se trata de un trabajo en donde lo público y lo privado se tejen hasta demostrar su inseparabilidad. A esta siguió la estupenda Proyecto 1980-2000 (2012), de Claudia Tangoa y Sebastián Rubio, sobre nuestra guerra y dictadura. Con estos antecedentes, No tengo miedo estrenó Desde afuera (2014), con la dirección de Gabriel de la Cruz y Sebastián Rubio.

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La revolución que significó Desde afuera

La diversidad sexual es EL tema en nuestra dramaturgia desde 1996. Pero decir “diversidad sexual” queda grande: (casi) solo se habló de homosexualidad masculina, enfatizando la salida del closet, y tenemos menos personajes lésbicos, bisexuales, trans o queer. Estos personajes son de clase media o alta (menos el Cisco de Tinieblas de Jaime Nieto), y están entre los 15 y 30 años (salvo los de Adrianzén).

(2) Mary Ann Eyzaguirre, Yefri Peña y Marco Perez

Mary Ann Eyzaguirre, Yefri Peña y Marco Pérez.

Desde afuera es la primera obra testimonial peruana sobre diversidad sexual y una de las obras más interseccionales que tenemos, con un amplio espectro de orientación sexual, identidad de género, raza, clase social y nivel educativo. Esto amplió el panorama de las presencias escénicas a niveles insospechados. Nadie había logrado instalar tanta diversidad en el escenario (salvo los extraordinarios Yuyachkani, a quienes siempre hay que volver, pero quienes no han abordado la diversidad sexogenérica). El montaje da una mirada de Lima en dónde entraban voces diversas reunidas para tomar la palabra. Luego encontraremos, por ejemplo, el trabajo de Carolina Black Tam o Daniel Antonio Fernández, más interesados en la marginalidad de la diversidad sexogenérica que sus predecesores.

La obra es un conjunto de relatos de cinco testimoniantes (una lesbiana, un gay, una bisexual, un hombre trans y una mujer trans) que ya la vivieron, tocaron el infierno y vienen a contarnos sobre él. Si eres diferente en Lima puedes perder a tu familia, que te ataquen en la calle, que te insulten o te nieguen. La obra nos lleva a un viaje que atraviesa todas esas aristas. Convive la miseria más infinita y la belleza más pura, como Merian contando cómo el sexo lésbico la acercó a lo divino.

Uno de los recursos de la obra es relativizar el drama de un homosexual de clase media o alta. Por supuesto, sufrimos violencia, pero esta, que parecía infinita en las obras anteriores, se revela limitada. Ya al inicio todes comparten recuerdos familiares de infancia, tiernos y graciosos, que inmediatamente nos conectan con les testimoniantes. La secuencia cierra con Yefri, mujer trans de un entorno de recursos limitados, diciendo “Qué lindo, les tengo una envidia sana. Yo no tuve una infancia feliz, porque desde los trece años conocí lo que es el trabajo sexual”.

Los testimoniantescis cuentan relatos de violencia que quedan cortos junto a Marco y Yefri, les trans. Las agresiones aumentan hasta las secuencias finales en donde la obra se estrella contra el infierno mismo. Una pérdida de virginidad se transforma en violación. El cuerpo deja de ser un espacio de identidad para volverse un ente extraño del que no se puede escapar. Los insultos pasan de “egoísta” a “te cacho y te arreglo”. Hasta que Yefri cuente de la noche en que fue atacada sin razón en la calle. Su cuerpo es destruido y las fuerzas del orden y de la salud pública le niegan atención, pese a ser ciudadana y trabajadora del Estado. Entrará en coma ante la negligencia de todos para despertar 28 días después.

Desde afuera se transforma en un arquetipo de liberación con una secuenciación brillante. Merian lee la historia de Yefri, y el relato termina con ella entrando en coma y despertando. Regresa de la muerte. Marco la saca a bailar y Malú nos recuerda que no es un caso aislado: esta violencia la defienden Estado e Iglesia. Marco cuenta las operaciones a las que se sometió para transformar su cuerpo y Enrique las dibuja. Los cinco son una fuerza que reconfigura el yo de receptáculo de violencia a espacio de agencia que puedes diseñar y construir. Dejar de ser aquello abyecto para transformarse en lo que necesitamos. Pero este ascenso debe aceptar primero todo lo vivido. Enrique, arquitecto de clase alta, y Yefri, comisionada de la Defensoría del Pueblo que ha sido trabajadora sexual, comparan sus historias. Se ve lo diferentes y lo similares que son. Yefri cuenta cómo bailaba frente al público. Todes bailan Fiesta de Rafaella Carrá.

(3) Todo el elenco de la obra

Todo el elenco de la obra.

Esta secuencia es una de las mejor logradas en nuestro teatro. Las historias sobre volver de la muerte están en todas las culturas, desde Odiseo hasta el Inkarri, y son tan poderosas que el cristianismo existe por creencia en la resurrección. Desde afuera se apropia del arquetipo y nos da una muerte y resurrección queer. Después de un relato despojado de excesos se abandona la solemnidad y no tenemos trompetas de ángeles sino a Rafaella, ícono gay con sus himnos de liberación y de independencia. La música perfecta para regresar del Infierno.

Desde afuera hace cosas que necesitábamos con urgencia. Dice cosas que todes los divergentes hemos vivido, escuchado o temido, pero desde un escenario y con una audiencia que responde y lo legitima. Las dejamos de decir caleta y las gritamos en público. No se trata de la exhibición del ego de quien testimonia, sino de su voz como portadora de una comunidad y para sanar en conjunto. Segundo, no endulza sus historias y nos expone a la violencia más descarnada y gratuita. En tercer lugar, nos permite una reconciliación plena. Es durísimo, pero se puede vivir después de haber sido rechazade por la comunidad y el Estado.

Pero hay un elemento adicional. En el Perú, decir en público lo que se dice en secreto es un acto político y trasgresor. Lo más importante de Desde afuera es tener a cinco personas que exponen públicamente el deseo, la violencia, la diferencia. Un relato convencional se centra en el “héroe” con quien el público se identifica porque representa lo que une quiere ser (el lenguaje me gana: uso la palabra en masculino, leámosla en neutro). Los gringos aman a Superman como los griegos a Odiseo o los cristianos a Jesús. Suena a mala palabra porque ha sido manoseada, pero un “héroe” es alguien que sintetiza las aspiraciones de quien le observa, a quien vemos enfrentar obstáculos y queremos ver victoriose. Desde afuera presenta cinco héroes que han enfrentado lo mismo que nosotros, lo han superado y lo pueden decir. Les cinco sintetizan la aspiración de la audiencia de asumir su divergencia en público sin violencia ni vergüenza.

Desde afuera marca un antes y un después en la representación de nuestro teatro. No solo por su interseccionalidad, sino también porque nos demuestra que la vida de les divergentes no se limita a la clandestinidad o a la miseria. No nos lo cuentan: vemos, en las voces de quienes ya la vivieron, que hay más belleza en la vida de la que nos ofrecieron.

Verles salvarse nos puede salvar también.

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Fotografía de portada: Roberto Zamalloa.

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Autor: Sebastián Eddowes

"El lobby gay"

Una columna que quiere decir algo sobre la representación de género, de la no-heterosexualidad (y quizás de otras minorías) en el teatro peruano y sus alrededores.