Publicaciones

La sexualidad como instrumento político. Una (primera) aproximación a Gonzalo Rodríguez Risco

Cabro… marica… enfermo… (…)

Todos tus chistes, tus comentarios, el odio que sentías contra los”desviados”.

¡Contra mí!

Gonzalo Rodríguez Risco – Un verso pasajero.

.

¿Cómo el teatro confronta la coyuntura en que se crea?

La pregunta es difícil y las múltiples respuestas también. Si consideramos que una obra puede tomar procesos muy largos de creación entonces siempre llegaremos tarde: desde su concepción hasta su montaje la coyuntura será otra, y dialogará con el presente inmediato. Algunas formas de performance pública podrán tener una relación distinta con su entorno, como Lava la bandera en el año 2000. Pero con el teatro puede ser más difícil, si no imposible.

¿Cómo hablar de nuestro entorno de manera inmediata? ¿O es que el teatro se ha inventado para otras cosas? El teatro peruano parece además tener dificultad de mirar de manera detallada, crítica y explícita nuestra coyuntura, pasada o presente, pero también para debatir nuestros procesos históricos y sociales. Tenemos escasa producción sobre el Fujimorato, y contrariamente a la opinión popular, tampoco hay demasiada sobre la guerra interna (hay varias sobre cómo los pobres miraflorinos se vieron afectados, y si bien hay algunas extraordinarias, recordemos que Miraflores fue muchísimo menos golpeada que Ayacucho. Pero de Ayacucho se habla muy poco). El aprismo y la reforma agraria están casi ausentes. Pese a los inmensos méritos de nuestro teatro, nos cuesta en muchos sentidos mirarnos.

21769749_1656896031028004_1297575266_n

“Un verso pasajero”, dirigida por Carlos Acosta.

Pero, evidentemente, dialogar con la coyuntura se dice de muchas maneras. Gonzalo Rodríguez Risco ensayó una respuesta muy interesante: en 1996, cuando empezó a hacer teatro, necesitaba hablar de sus problemas reales, los que lo aquejaban a sus 24 años. La política y la violencia parecían menos inmediatos que la pregunta que realmente lo movilizaba en aquel entonces: cómo afrontar la salida del closet. Podría parecer insignificante hablar de homosexualidad cuando la democracia se destrozaba. Podría parecer irrelevante hablar de tragedias privadas cuando las públicas son inmensas. Pero, primero, y parafraseando al chileno José Donoso, es absurdo comparar las cicatrices, más cuando hay tanto por hacer. Segundo, la esfera privada es la piel de la esfera política. Mucho de lo que haces y de lo que te pasa sucede porque hay un mecanismo macro en movimiento.

Gonzalo nace en Lima y, tras estudiar ingeniería, escribe Un verso pasajero, su primera obra. Después de algunas producciones exitosas viaja a Yale para una maestría en dramaturgia, tras la cual vuelve a radicar en Lima. Gonzalo es un tipo de escritor muy particular: realiza obras experimentales (como Luz oscura), hits teatrales como Nunca llueve en Lima, series extraordinarias como #ConMiNovioNoTeMetas o Aj, zombies (solo disponible en Francia), películas de géneros diversos (como Una navidad en verano o No estamos solos) o grandes producciones musicales como Cenicienta, el musical. Su trabajo es ecléctico e inclasificable, y eso solo lo hace más interesante, más cuando uno empieza a trazar hilos conductores entre su producción.

Para fines de esta columna, dividiremos el trabajo de Gonzalo en tres fases muy claras: los primeros años, la estadía en Yale (que llamaremos, huachafamente, “de transición”), y la tercera que llamaríamos “madurez” (pero suena más huachafo y Gonzalo aún tiene mucho por escribir). Nos centraremos en la primera fase, compuesta por Un verso pasajero (1996), La manzana prohibida (1997), Juegos de manos (1998), Generación Y (1998), Rainbow (1999), Vesti la Giubba (1999), Mal-criadas (con Diego la Hoz – 2000) y Asunto de tres (2000), las cuales conforman una unidad temática y estilística. Las obras inmediatamente posteriores las podemos ubicar en una suerte de tierra de nadie por distintas razones, antes de la aún no estrenada Expiración (2009). Dejamos de lado, por motivos temáticos, a Juegos de manos y excluiremos Rainbow pues luego será reescrita a su versión final, Gay Play, que discutiremos luego.

Esta primera fase se centra especialmente en historias privadas, íntimas y de universos familiares. ¿Por qué decimos que responden a la coyuntura? Porque estaban discutiendo apasionadamente con un Perú muy específico.

.

21850520_1656896007694673_1054167337_n

“Mal-criadas”, de Gonzalo Rodríguez Risco y Diego La Hoz.

I

Un joven ha quedado en coma. La familia, de clase acomodada, le habla y le confiesa secretos que nadie más puede conocer. El hermano menor hablará de su homosexualidad.

¿Es eso lo más inconfesable que puede tener?

En la Lima de 1996, probablemente. Y en uno de los países más homofóbicos del mundo (el nuestro), aún no es un tema menor.

.

II

Un joven invita a su mejor amiga a un departamento. Va a contarle que es gay y que está enamorado, pero cada quién está encerrado en una burbuja desde la cual mira al otro pero no escucha realmente nada. ¿Qué tan duro es revelar tu orientación sexual a la persona que más confías? Mucho: puede que te considere un enfermo y el vínculo más importante de tu vida se vaya a la mierda.

.

III

Dieciseis chiquillos que no llegan a los 20 están perdidos. Fuman, toman, chapan y hacen esas cosas que se hacen cuando no sabes qué viene después. Pero no estamos en Grease: estamos en la Lima de fin de siglo. No se dice, pero el problema es otro: después del shock, del autogolpe y la guerra interna, no se tiene ni puta idea de a qué se parece el futuro. Y no saber hacia dónde pensarse es un problema infinito. De todos ellos, Aníbal cree (pero no está seguro) que le gustan los patas. Y sabe que no puede decir nada porque le pueden sacar la mierda.

.

IV

A José Francisco le dicen “la Paca”. Tiene un pie en la música criolla y otro en la ópera italiana. Quiere enamorar a un gringo pero no puede, así que está sola como un abedul. Ya no quiere ser la Paca. Quiere ser su propio ser. Pero no sabe cómo. Solo le queda saberse sola

.

V

Felícita y Adelina, las criadas, van a vengarse de su señora. En un acto tan trivial en medio de una comedia absurda está el Perú entero. El espectador solo ríe porque es imposible, ¿quién cortaría la mano que le da de comer? Pero las criadas ya no pueden más y van a invertir el orden de las cosas. Solo que eso ya no es posible. Valga mencionar que las tres actrices son actores, y que la subversión simbólica atraviesa cada hilo del telar que arma la obra.

.

VI

Dos chicos y una chica. Se mienten porque no se pueden decir la verdad. Si dejan de mentir pueden empezar a amarse y a confiar, y puede aparecer un torrente de emociones que podría hacerlos realmente felices. Eso es bien peligroso. Uno no puede ser feliz en un trío, o con una persona que no corresponde, o con alguien del mismo sexo. ¡Bienvenidos a la Lima del dos mil y de siempre! Uno debe alcanzar la plenitud haciendo exactamente lo que se espera de ti. Si no, estás jodido.

.

21769757_1656896021028005_793692640_n

“Asunto de tres”, a cargo de Díspare Companhia (Brasil).

Una mirada ligera podría observarlas como costumbrismo o escapismo. Una segunda observación descubre una estrategia potentísima de acción política y debate feroz con el entorno. La homofobia, lo hemos visto, no es solo un acontecimiento privado: es la expresión de una organización social que organiza y norma nuestros cuerpos y sus prácticas. Podríamos adoptar una mirada macro (como Larry Kramer), pero esto entraña el riesgo de alejar al espectador al proponerle un punto de vista que parece ajeno. ¿Por qué mirar la discusión sociopolítica cuando mi problema es que tomar decisiones sobre mi cuerpo va a generarme la expulsión de mi círculo y convertirme en objeto de violencia? Pues entonces la mirada no se enfoca en el sistema sino en el detalle más íntimo. En la pulsión. En el desgarro. En ese lugar donde el espectador va a tener que reconocerse a sí mismo. No en la abstracción que explica la generalidad, sino en el núcleo mismo de la vivencia.

Es así como la primera mirada de Gonzalo ataca la coyuntura. Desgaja el problema hasta identificar el punto más privado, más íntimo y más doloroso. Desde ese punto narra y se aferra cuidadosamente a esa particularidad. Pero esa historia es solo la piel de una estructura más grande. Lo privado está construido por movimientos públicos. Especulamos, entonces, que el espectador puede leerse a sí mismo en la obra y descubrirse menos solo. En ese reconocimiento en el otro es posible resarcir el daño recibido y aliarse para construir redes. O entender visceralmente el dolor del otro, y así modificar la mirada. O rechazar de plano el conflicto del otro. No es un fracaso, ya que obliga al agresor a confrontar el acto y a posicionarse frente a él. Podría generar indiferencia, y esta sí es contraproducente. Pero el día que inventen un método perfecto para solucionar nuestros problemas me avisan.

Así habla Gonzalo de su coyuntura y se enfrenta a ella: deteniéndose en el dolor específico que genera un problema social y desde allí activando procesos dentro del espectador. Si tengo suerte en la futurología, creeré que la homofobia va a desaparecer pronto. Pero el contexto hoy exige seguir luchando contra ella. ¿Una obra de teatro se hace “buena” por alcanzar la universalidad, ser trans-histórica o trans-cultural? No lo sé, pero sí depende de los criterios que utilicemos. Una obra de teatro puede ser extraordinaria por los efectos que causa en sujetos concretos. Así, estos seis textos diseccionan una coyuntura muy particular y así apuntalan la consciencia del espectador sobre sí mismo y su entorno. Y sí, felizmente el teatro puede hacer eso, y estas obras plantean una estupenda estrategia de cómo hacerlo.

PS: Seguiremos hablando de Gonzalo. Aún hay harto que conversar.

Publicidad

Anuncie aquí
Autor: Sebastián Eddowes

"El lobby gay"

Una columna que quiere decir algo sobre la representación de género, de la no-heterosexualidad (y quizás de otras minorías) en el teatro peruano y sus alrededores.