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Sobre dos cabros rojimios: “Sangre como flores” y “Demonios en la piel” de Eduardo Adrianzén

Por cochino. Por maricón. Por comunista.
Luego de matarlo a golpes, lo arrollaron con su propio auto varias veces,
hasta dejar el cadáver completamente destrozado.

Eduardo Adrianzén. Demonios en la piel.

Hemos revisado cómo el género de la salida del closet se construye en el teatro peruano de las últimas décadas. Es un tipo de ficción necesaria, que toma la tensión entre la diferencia sexual de un individuo y la sociedad que le rechaza para intentar una reconciliación.

(1) Federico kazual, derrochando masculinidad con Salvador

Federico kazual, derrochando masculinidad con Salvador.

Las historias nos constituyen como personas. Nuestras ideas sobre el amor se las debemos también a Thalía y sus Marías (Mercedes, del Barrio o del Mar), o a Vicky Carr enseñándonos que las mujeres deben entregarlo todo a sus hombres. Hay historias sobre salir del closet fundamentales para muchísimes en comprender y construir su diferencia. Debemos harto a La cageaux folles, La manzana prohibida, Simón el topo, Moonlight, Feriado o In & Out, a otras como Angels in America, En la gama de los grises o The normal heart. Sin cuestionar su importancia, necesitamos más: la vida de quien no es heterosexual o cisgénero no acaba el día que lo gritó al mundo y recibió un abrazo o un puñetazo.

Es fundamental que la representación no se agote en la salida del closet. ¿Cómo es la vida después? ¿Qué problemas específicos de la diversidad sexogenérica enfrentamos? ¿Cómo son distintas las historias de amor? ¿Reproducen el modelo heterosexual o plantean otras posibilidades? Estas y otras preguntas son necesarias, aunque no las hayamos hecho tantas veces. Sobre estas cuestiones, quiero revisar dos obras de Eduardo Adrianzén: Sangre como flores (2011) y Demonios en la piel (2007).

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Federico y Pier Paolo, comunistas y homosexuales.

Quizás el hilo conductor del teatro de Eduardo es su proyecto por pensar al Perú dentro de sus tensiones: clase, raza, religión, política, y desde allí la necesidad de posicionarse dentro del terruño jodido que tenemos por patria. Las obras que nos ocupan tienen un protagonista abiertamente homosexual, alguien que ya salió del closet. Ambas son obras hermanas y podemos englobarlas desde la misma perspectiva: ¿cómo afecta la sexualidad y los demonios personales a alguien que busca construir una vida coherente con su propio proyecto?

(2) Pier Paolo kazual, en el Cerro San Cristobal

Pier Paolo kazual, en el Cerro San Cristóbal.

Estas obras reconstruyen a dos escritores célebres: Federico García Lorca y Pier Paolo Pasolini. Sujetos propios del siglo XX, artistas en movimiento, que viajan por diversos territorios, que asumen militantemente una postura política contraria a la establecida. Son indeseables, pues utilizan su trabajo y su vida para atacar al status quo, y como tales son rechazados. Pero su diferencia no es solo política e ideológica sino también “moral” por sus deseos homosexuales. Son peligrosos: evidencian y exhiben su diferencia sin temerle, y a la vez defienden una ideología económica y política que atenta contra los intereses de los poderosos.

Ambos cargan consigo sus demonios y de eso tratan estas obras.

Sangre como flores se centra en la relación entre Federico y su madre Vicenta. Él busca en ella aprobación y aceptación, que siempre le negó, lo que asemeja su estructura a la salida del closet. La homosexualidad de García Lorca ya es vox populi, pero él busca la reconciliación (real, no la impuesta por el presidente miserable que tenemos) con Vicenta. Además, en la psique de Federico habita Bernarda, una versión hipertrofiada de Vicenta que lo acosa con sus miserias y temores. En Sangre como flores él intenta emanciparse del pasado, de la falta de dinero, del amor que le faltó siempre y así de todos sus fantasmas, pero hay un elemento que hará cualquier esfuerzo imposible.

(3) Sangre como flores de Eduardo Adrianzen

Sangre como flores de Eduardo Adrianzén, dirigida por Alberto Ísola.

Une no decide dónde y cuándo nace. Millones nacimos en guerra y crecimos en dictadura, y la España de Fede se debatía entre republicanos de izquierda y sublevados de derecha. Bien parecido al Perú pero al revés (y allá ganaron los sublevados). Cuando estalló la guerra, los fachos lo detuvieron y el pobre tenía todas las características para que lo fusilaran. No importaría tanto si alcanzaba alguna redención. Las balas extinguieron a sus demonios con él.

El caso de Demonios en la piel es distinto. Pasolini fue odiado por la burguesía y el catolicismo por inmoral y provocador, pero trabajó con cierta libertad y obtuvo financiamiento para sus filmes. Nunca suficiente, pero sí el necesario para filmar frailes saliendo del culo de Satanás. La obra narra el fin de la relación entre Pier Paolo y Ninetto Davoli, a quien le dobla la edad. Pasolini siente que envejece mientras le fascina la juventud de su pareja, que corre calato por el hotel embelesado por el lujo.

El protagonista de Demonios pasea por Europa con Ninetto y eso le gana el odio de quienes guardan la moral. Se gana fama de corromper a chicos jóvenes, pero ya solo sigue a Davoli, quien parece cansado de la relación (y acabará casándose con una mujer). ¿Qué opera en Pier Paolo? Ama a un chico que sabe que va a perder y se siente viejo, incapaz de retenerlo. Cuando John, un muchacho que ve en él su única oportunidad de hacer cine, se desnude frente a él y le ruegue que lo lleve consigo, Pier Paolo le dirá “¿Tan miserable te parezco? ¿Tan viejo y tan pobre que tu belleza me debería bastar?”. Las cosas se complejizan tremendamente. Ya no es un hombre maduro que desea cuerpos jóvenes sin importar su procedencia. No es el von Aschenbach de La muerte en Venecia, persiguiendo la belleza “pura” de un chiquillo. Opera en él la angustia de quien se enamora de quien “no debe” y de quien no es correspondido como espera. Todo está en contra del amigo Pier Paolo: la sociedad, la moral, Laura Betti, los miedos aprendidos y absorbidos, incluso Ninetto. Demonios en la piel es la crónica de la destrucción de un amorío. Lenta, agónica, donde se lucha sabiendo que se ha perdido todo. Al ser rechazado,un John destruido tendrá que destruir a su ídolo, tan comunista y tan artista él:

“Viva soñando con su querida naturaleza, señor Pasolini. Viva creyendo que los pastores tocan sus armónicas sonriendo debajo de los árboles, mientras que yo cada mañana me levantaré queriendo estar muerto porque me acosté con hambre la noche anterior. (…) Siga haciendo sus películas importantes, y escribiendo sus libros en su casa de Roma, bien lejos de la mierda del desagüe que cruza la cuadra donde vivo. Haga todo eso, y púdrase creyendo sus fantasías de qué es lo mejor para los demás. Pero no me humille diciéndome que debería ser feliz.”

(4) Demonios en la piel de Eduardo Adrianzen, dirigida por Diego La Hoz

Demonios en la piel de Eduardo Adrianzén, dirigida por Diego La Hoz.

Pasolini, como Lorca, trabaja, lucha, se desangra por sus ideas. Pero ¿cómo ser coherente con ellas? ¿Cómo superar los demonios para hacer real la lucha? ¿De qué sirve un poema, una película, una columna de análisis de teatro peruano, cuando fuera de la letra la gente se está muriendo y el gobierno atenta contra la supervivencia de los agricultores? A veces, la traición más grande es hacer lo que uno ama y decir que lo hace solo por otros. O vivir en la ingenuidad de que la palabra salva.

A estas obras las hermana también la brutalidad de sus finales.

Federico y Pier Paolo fueron asesinados. Por maricones y comunistas. De maneras brutales y espantosas. En 1936 y en 1975, pero hoy en muchas partes del mundo (incluyendo el Perú), seguimos muriendo por admitir públicamente nuestra divergencia. Visibilizarse como no heterosexual o no cisgénero es exponerse al maltrato, a que no te contraten para una chamba, a que te intimiden, a que te amenacen en la calle, a que el Estado y la Iglesia te tachen de asqueroso. A que te maten. El Congreso hace silencio por los muertos en Florida mientras afirma que no existen los crímenes de odio. Salir del closet nos expone a todas esas cosas, y todos los que admitimos nuestra sexualidad en público lo sabemos y hemos lidiado con violencia de una forma u otra. Para muchos, incluyéndome, salir del closet es un privilegio. Estas dos obras recuerdan que ni el reconocimiento internacional ni el talento y ni la valentía nos salvan de que nos fusilen los genitales o nos destruyan el cadáver con un automóvil. El camino para la aceptación de la diversidad sexogenérica se está abriendo, pero es un proceso lento y desigual. Pero cuando nuestro presidente indulta ilegalmente a un dictador asesino tenemos claro que nuestros derechos van a retrasarse. El espectáculo debe continuar y la columna debe seguirse escribiendo, pero hay cosas urgentes como devolver la dignidad perdida a nuestro país.

(5) Pier Paolo Pasolini y Ninetto Davoli

Pier Paolo Pasolini y Ninetto Davoli.

Lamento que el excurso pierda el norte del escrito, pero la realidad desborda la palabra. El teatro de Eduardo siempre es un espacio de reflexión y confrontación salvaje con nuestra peruanidad, y nos enfocamos en estas obras porque abordan directamente el tema que nos ocupa. Dice César Aira en Exotismo que uno, antes que humano, es peruano, argentino, ruso o tailandés. Pero a veces mirar al otro no es un escape, sino un distanciamiento que repercute en la mirada de lo propio. No vivimos en la España o la Italia del siglo XX, pero nuestros defectos se parecen. Hoy los peruanos parecemos empeñados en celebrar y defender nuestras miserias, así que seguiremos trabajando, peleando, tomando las calles, haciendo teatro y escribiendo para construir un país más digno, más bello y más justo. O, al menos, crear espacios abiertos de libertad, que es algo de lo que sí podemos enorgullecernos. Para eso sirve nuestro trabajo.

De repente, parafraseando al amigo Jerzy, no cambiamos el mundo, pero construimos lugares para tratar de salvarnos.

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Autor: Sebastián Eddowes

"El lobby gay"

Una columna que quiere decir algo sobre la representación de género, de la no-heterosexualidad (y quizás de otras minorías) en el teatro peruano y sus alrededores.