Publicaciones

El lirio de la esperanza vuelve a florecer

Desde sus orígenes, como Centro de Comunicación Popular de Villa El Salvador, el grupo Vichama ha procurado construir la historia y la memoria de este gran distrito. Así sucedió con su primera obra, Diálogo de zorros (1985), con la cual representó de manera épica la llegada a los arenales y la formación de la Cuaves (Comunidad Autogestionaria de Villa El Salvador), como también con la obra Carnaval por la vida (1987), que se enfocaba en el asentamiento de la violencia política en Villa.

(1) Elenco que estreno El lirio de la esperanza, escrita por Maria Teresa Zuñiga y dirigida por Cesar Escuza, en 1996.

Elenco que estrenó “El lirio de la esperanza”, escrita por María Teresa Zúñiga y dirigida por César Escuza, en 1996.

En esa línea de creación artística, ya como Vichama, esta agrupación dirigida por César Escuza llevó a escena una obra que forma parte fundamental de la historia de Villa, El lirio de la esperanza (escrita por la dramaturga huancaína María Teresa Zúñiga), pues recrea el cobarde asesinato de María Elena Moyano por parte de Sendero Luminoso. Si el crítico Alfonso La Torre había objetado en la mesa de críticos de la Muestra Nacional de Teatro Nacional Andahuaylas 88 que Carnaval por la vida ocultaba tras la máscara a los agentes de la violencia y reclamaba ser más explícitos al respecto, El lirio de la esperanza, representada en la Muestra Nacional de Teatro Huancayo (1996), no dejaba dudas al respecto. Desde mi modesto parecer, se trata de una de las pocas piezas eminentemente políticas en el teatro peruano con una premisa clara; en este caso  de deslinde frente al terror de Sendero, el deterioro del sistema y la apuesta por la organización popular como el camino a cambios estructurales primordiales en el sistema político peruano.

(2) Los nuevos rostros de Vichama

Los nuevos rostros de Vichama.

Se trata de un espectáculo que amalgamaba la calidad poética de los textos de María Teresa Zúñiga con un tejido se imágenes simbólicas y metafóricas que no por ello dejaban de ser directas en sus referentes. Los actores de la violencia, antagónicos a María Elena Moyano, instaurada como personaje, eran mostrados en toda su dimensión; incluso la parafernalia senderista que se practicaba en los penales fue presentada en escena (quizá algún fiscal desubicado o un servicio de inteligencia poco inteligente hubiese acusado al grupo de apología al  terrorismo).

(3) Maria Teresa Zuñiga, reconocida dramaturga y directora teatral huancaina.

María Teresa Zúñiga, reconocida dramaturga y directora teatral huancaína.

La muerte de María Elena Moyano había marcado un hito muy importante en la contradicción entre la organización popular y el terror senderista.  La acción política que desarrolló Moyano desde su  liderazgo en la Fepomuves (Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador) fue sin duda un muro de contención ante la amenaza de infiltración de Sendero en las organizaciones de base de Villa, como bien se puede deducir de sus discursos.  Por consiguiente, ese era el eje central del conflicto dramático de la pieza, bellamente escrita por María Teresa Zúñiga. Adicional al tema político, surgía un tema de equidad de género, pero no solo con respecto a los derechos sociales por reivindicar por parte de las mujeres, sino también al rol protagónico que deberían cumplir las mujeres en la lucha política, en las organizaciones populares (según lo sostenía la propia Moyano). De modo que al lado de María Elena (el personaje) interactuaba un conjunto de personajes femeninos con indumentaria de color blanco que reafirmaban un sentido de pertenencia e identidad en las mujeres de Villa en general.  Y en este punto de la nota, uno piensa en los tiempos terribles que vivimos, en los que las mujeres no solo deben movilizarse por equidad y por sus derechos, sino también por el respeto a su integridad física. Estos personajes femeninos con vestimenta blanca, que ya habían aparecido en espectáculos anteriores del grupo, funcionaban por momentos como una suerte de coro que expresaba la visión de mundo de la comunidad de Villa en general frente a la amenaza del terror y la respuesta de María Elena.

(4) Los nuevos rostros de Vichama

El color blanco, una de las constantes en el teatro de Vichama. Un recordatorio de que siempre hay esperanza.

Han pasado 26 años del cobarde asesinato, pero nada ha borrado ese sentido de pertenencia: son otras voces más frescas las que ahora entonan “…en Villa yo nací/en Villa me crié/ en Villa yo estudié/en Villa debo morir./El día en que yo me muera/y  me lleven a enterrar/saldré de mi sepultura/y por mi Villa corretearé”.  A su vez, son otras actrices, más jóvenes, las que hoy visten de blanco, actúan, cantan y evocan a María Elena en las diversas presentaciones de Vichama (conmueve reconocer el rostro de alguna alumna en ese colectivo).

Son nuevos tiempos, de nuevas contradicciones, pero no por ello menos crueles si tomamos en cuenta que la violencia se ha trasladado del eje de lo político al de género. Sin embargo, las inequidades de género que se busca combatir también responden a modelos sociales y políticos, solo que sus consecuencias se manifiestan en la esfera de lo cotidiano y de las relaciones hombre/mujer.

Pero aun así, conforme a la manera en que Vichama conceptúa el teatro y tal como lo ha practicado a la fecha, el escenario de este grupo de Villa El Salvador seguirá llenándose de imágenes intensas, de una visión crítica frontal en las representaciones del imaginario de la  sociedad peruana que busca siempre nuevas posibilidades expresivas. Sucede que el arte no deja de dialogar con la realidad, de referirla, de apuntar a su transformación. Mientras tanto, el lirio de la esperanza vuelve a florecer y corretea por las calles de su Villa, como dice la canción.

Publicidad

Anuncie aquí
Autor: Santiago Soberón

"Máscaras"

Notas sobre el teatro peruano en general, temas teóricos, aspectos de política cultural que atañen al teatro, remembranzas sobre personajes y entidades del teatro que son importantes.