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La última reserva moral de la humanidad

Mario Delgado acuñó hace algunos años la siguiente expresión: “El teatro es la última reserva moral de la humanidad”.  Ahora que iniciamos el año 2018, a la luz de los acontecimientos políticos de los últimos treinta días del año que ha concluido y de la historia del Perú de las últimas cuatro décadas, estas palabras vuelven a mi memoria de una manera más que oportuna.

(1) Leyendas y malabares del histórico grupo de teatro Arena y Esteras

Leyendas y malabares del histórico grupo de teatro Arena y Esteras. Foto: Archivo Arena y Esteras.

En verdad, no solo se trata del teatro; el artista, desde múltiples manifestaciones  estéticas, tiene el don y la vocación de referirse a la realidad en la que está inmerso desde inéditas y singulares perspectivas que calan nuestra sensibilidad a través del goce estético. Pero no solo eso, en la medida que su expresión se visibiliza ante todos por su singularidad, el artista se convierte también en un actor social importante en los momentos más críticos de una sociedad; no  fueron casuales, por ejemplo, la enorme crisis social y política que sirvió de contexto al Siglo de Oro español o los procesos de cambio social que enmarcaron el realismo ruso (en el teatro y la novela) de fines del XIX en adelante; tampoco la participación directa de muchos artistas en los procesos sociales que tuvieron que afrontar.

De modo tal que la innegable crisis ética y de representatividad que envuelve a la clase política del país, el deterioro de la capacidad  de indignación de la mayoría de la ciudadanía ante la corrupción (“roba, pero hace obra”), la pérdida de valor de los derechos fundamentales de la persona en gran parte de la población, así como  la manipulación a través de la desinformación y de un “periodismo de opinión” que intencionalmente atrofia la capacidad de reflexión del ciudadano, reclaman del hombre de teatro (del artista en general) un rol más activo desde su práctica artística y fuera de ella.

(2) El actual Presidente de la Republica Pedro Pablo Kuczynski junto al ex Ministro de Cultura y actor Salvador del Solar

El actual Presidente de la República Pedro Pablo Kuczynski junto al ex Ministro de Cultura y actor Salvador del Solar. Foto: Mincul.

Por lo pronto, a contracorriente de las encuestas periodísticas que dan más del 50% de aprobación al ilegal indulto de Alberto Fujimori, en ese otro espacio de opinión pública que son las redes sociales, artistas e intelectuales del país vienen manifestando su repudio a esta medida, en concordancia con lo expresado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de un grupo de trabajo, y por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Sumemos también (aun cuando parezca tardía) la renuncia del ministro de Cultura, Salvador del Solar, quien fue convocado a esa cartera en razón de su prestigio como actor de cine y de teatro, por lo que su gesto político es significativo. A quien le suceda, dadas las circunstancias, sería ocioso pedir coherencia con dichos principios; por consiguiente la gestión en Cultura se verá más alejada de los agentes sociales de ese sector.

Si los trabajadores de la cultura y el arte apuntalan su acción en ese sentido, es indudable que, como sector, entrarán en mayor contradicción con el régimen, que hoy en día ya no tiene escrúpulos en mostrar su alianza con quienes representan la corrupción y el autoritarismo.  Como artistas, como líderes de opinión, como figuras públicas, tendrán que actuar no solo en las movilizaciones sociales que se avecinan, sino en un espacio mucho más complejo: en el imaginario de la gente, en las conciencias de las personas.

(3) Marcha contra el indulto, 28 de diciembre. Fotografia Musuk Nolte

Intervención de Yuyachkani durante la marcha contra el indulto a Fujimori, 28 de diciembre del 2017. Fotografía: Musuk Nolte.

Ese sí que es un escenario difícil de enfrentar. Consideremos que los peruanos, en las últimas  cuatro décadas, hemos visto a casi todos los mandatarios de la nación o sentenciados o incriminados en delitos de diversa naturaleza, a excepción de Fernando Belaunde y Valentín Paniagua; en inicios del 2000, hemos visto (en realidad nos hicieron ver) cómo un asesor presidencial compraba conciencias de manera cínica, como si nos dijera “todos tienen su precio”; hemos visto una serie de corruptelas y acciones ilegales o reñidas con la ética de parlamentarios que luego eran “blindados” por su “colegas” (lo que popularizó la frase “otorongo no come otorongo”); hemos visto “faenones” y “narcoindultos”; autoridades regionales inculpadas y sentenciadas por delitos de corrupción, y una serie de circunstancias que a la persona común y corriente la llevan a la conclusión de que “todos son corruptos” “así es la política”… “con tal que trabaje”, de manera tal que la probidad se vuelve en una cualidad inexistente, que los actos dolosos e incubiertos son normales en política y así hay que aceptarlo. Sumemos a esto la desinformación de los medios y la falta de educación o instrucción, el desconocimiento, desde la escuela, de lo acontecido en el país en todo este tiempo.

Un destacado sociólogo e historiador del teatro español, Ángel Berenguer, basa sus estudios en un concepto muy interesante: motivos y estrategias. Afirma que son las provocaciones o agresiones del entorno del artista (concepto de Piaget que llega a Berenguer mediante Goldmann) las que propician o motivan su actividad creadora, en la que sigue ciertas estrategias. Quizá por ello, como mencionaba líneas arriba, en los momentos más críticos de una sociedad suele aflorar en mayor proporción la creatividad artística. En consecuencia, motivados estamos (bueno, no soy artista); si aún no hemos sido tocados por la indiferencia o, en grado extremo, por la familiaridad con la corrupción o si todavía no hemos perdido el sentido de valores fundamentales como los derechos humanos, desde el arte o cerca de él, tenemos muchas razones para actuar.

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Fotografía de portada: Antonio Escalante (lamula.pe).

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Autor: Santiago Soberón

"Máscaras"

Notas sobre el teatro peruano en general, temas teóricos, aspectos de política cultural que atañen al teatro, remembranzas sobre personajes y entidades del teatro que son importantes.