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Bajo la carpa

La oferta circense en el Perú, durante las últimas décadas, tiene como referente ineludible a La Tarumba. La aparición de la institución liderada por Estela Paredes y Fernando Zevallos significó primordialmente el ingreso de nuevos principios y modalidades del circo en nuestro país, el surgimiento de una actividad circense nacional realmente competitiva con sus similares de otros países y la fusión de este arte con el teatro.

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Estela Paredes y Fernando Zevallos, fundadores de La Tarumba. (Foto: ellosyellas.com.pe)

Cuando La Tarumba no era ni por asomo el tipo de organización que se convirtió después (esencialmente era un grupo de teatro, del denominado movimiento independiente), un componente importante del circo formaba parte de su propuesta escénica: el arte del payaso. Estudiaron las más importantes fuentes internacionales de este campo y lo plasmaron de manera magistral en espectáculos como Cállate Domitila (que incluso desde una instancia del gobierno se intentó silenciar) y Upa, la esperanza (ya en los 90), ambos montajes creados en los tiempos más difíciles del Perú de fines del siglo XX.

Es bueno recordar esa etapa porque aún en la actualidad La Tarumba tiende a fusionar elementos teatrales en la dinámica propia del circo. Sobre todo cuando emplea como eje transversal de sus espectáculos una historia o relato. Sin duda, es una línea de trabajo muy difícil desde el punto de vista dramatúrgico porque hay que compatibilizar el desarrollo diegético del espectáculo con las distintas formas o expresiones del circo (malabarismo, acrobacia, trapecio, etc.). Considero que Infausto y El Quijote fueron los momentos más felices dentro de esta línea.

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Antiguo local Cocolido, hoy sede institucional de La Tarumba. (Foto: fundacionreneenavarreterisco.org)

No obstante, en la actualidad predomina un eje temático que reviste cada uno de los números presentados, pero sin los parámetros de una estructura de acciones dramáticas; sin duda, se tiene más libertad para centrar el espectáculo en lo que es su meollo o aspecto esencial: la espectacularidad circense, esa que nos asombra por actos extraordinarios en los que convergen habilidades superiores a las normales y el riesgo.

A esta modalidad debemos sumar una tercera que se desprende de la anterior: la incorporación de expresiones culturales peruanas de diversa procedencia en todos los niveles del espectáculo. Esta suerte de tercera línea de trabajo es quizá el aporte más enriquecedor y de mayor significado social que haya hecho La Tarumba como compañía circense. La afirmación de nuestra identidad, la valoración en el contexto circense de nuestra riqueza cultural, en toda su diversidad, nos revelan cómo nuestras culturas tradicionales son compatibles con el principio circense de ostensión de lo extraordinario; piénsese solamente en la suerte de faquirismo de la danza de tijeras.

(3) Upa, espectáculo en donde el grupo profundizó sus investigaciones sobre el arte del payaso

“Upa la esperanza”, espectáculo en donde el grupo profundizó sus investigaciones sobre el arte del payaso. (Foto elojodelaabuelanocturna.blogspot.pe)

Caballos de paso, marcos musicales con arreglos de expresiones musicales peruanas, instrumentos musicales como el cajón, la quijada de burro, etc., danzas nacionales como la marinera y vestuario de diversas regiones  son algunos elementos que reafirman la identidad de lo peruano en sus múltiples manifestaciones al ser incorporados en números artísticos de innegable calidad. De este modo, La Tarumba no solo afianza una identidad como compañía circense nacional, sino que pone de relieve las diversas culturas tradicionales del país y afianza entre el público la identificación con estas expresiones justo en temporadas que tienen como contexto la celebración del aniversario patrio, cuando precisamente está sobre el tapete la reflexión sobre la peruanidad.

Bandurria, el espectáculo de la temporada de este año, que se prolonga hasta setiembre, se inscribe en esta modalidad o línea de trabajo. La mayoría de números presentados en esta ocasión tienen una ligazón con expresiones culturales tradicionales del país e, incluso, podría intuirse algún tipo de referencia con modos o formas de los circos populares que cada cierto tiempo levantan sus carpas en diferentes latitudes del país, aunque ello amerita un verdadero estudio para afirmarlo con certeza.

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“Bandurria”, espectáculo actualmente en cartelera. (Foto: La Tarumba)

De esta nueva entrega de La Tarumba hay pocas observaciones que plantear, quizá mayor precisión en la ejecución de algunas expresiones dancísticas, aunque hay que hacer la salvedad que estamos ante estilizaciones de estas expresiones al contexto propio del espectáculo, que no tiene como fin la recreación fidedigna de las mismas. Ninguna de estas posibles observaciones empaña esa identidad con nuestra peruanidad ni la complicidad del público con los ejecutantes de cada uno de los números planteados. El espectador no reacciona solo con asombro ante el acto extraordinario que ve en la pista del circo, también se vuelve cómplice y alienta a cada artista al logro del acto que está realizando. Esa complicidad podemos entenderla como empatía y afirmación colectiva de superación que afianza una autoestima como grupo social. Es un circo peruano y son peruanos capaces de realizar actos extraordinarios a partir de su propia cultura; por lo tanto, el espectador se vuelve parte de ese mismo acto, lo comparte con su asombro, su aliento y su júbilo final.  ¿Es que acaso esa pista circular bajo la carpa reinstaura cierto hálito ritual entre artistas y espectadores?, ¿es esa condición de peruanidad compartida la que establece esa complicidad?

Es  importante destacar que, hasta donde tengo conocimiento, la mayoría de los artistas de La Tarumba han sido formados y forjados en la escuela de la misma institución. De este modo, no solo tenemos un destacable ejemplo de gestión empresarial y cultural (muchas veces premiada), sino también de formación profesional en un campo artístico tan complejo y peculiar como es el circo.

Finalmente, en lo personal, esa empatía e identificación no proviene de mi condición de espectador. Al igual que muchos en el ámbito teatral, no deja de asombrarme (como cualquiera de los actos extraordinarios de su repertorio) la forma en que el grupo de teatro independiente de hace tres décadas se ha convertido en una de las organizaciones artísticas y empresariales más destacadas de nuestro medio. Lo ha hecho afirmando una manera propia de hacer circo que el público acepta y sigue año tras año. Ese quizá sea el número más extraordinario que pueda ofrecer La Tarumba. Aplausos por ello.

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Autor: Santiago Soberón

"Máscaras"

Notas sobre el teatro peruano en general, temas teóricos, aspectos de política cultural que atañen al teatro, remembranzas sobre personajes y entidades del teatro que son importantes.