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La Sacralidad de la Frustración: La construcción de la persistencia

Lo sagrado y lo profano constituyen dos modalidades de estar en el mundo, dos situaciones existenciales asumidas por el hombre a lo largo de su historia. Estos modos de ser en el Mundo no interesan sólo a la historia de las religiones o a la sociología, no constituyen un mero objeto de estudios históricos, sociológicos, etnológicos. En última instancia, los modos de ser sagrado y profano dependen de las diferentes posiciones que el hombre ha conquistado en el Cosmos; interesan por igual al filósofo que al hombre indagador ávido de conocer las dimensiones posibles de la existencia”.

Mircea Eliade. “Lo sagrado y lo Profano”.

 

Es un lugar común para los actores el escuchar la frase “Para ser actor debes tener mucha tolerancia a la frustración”. Últimamente en las redes sociales corren videos de actores reputados del mainstream hollywoodense narrando el tesón que tuvieron que obligarse a sentir a sí mismos, en pos de persistir en su carrera. Sí, probablemente en todas las profesiones y oficios existentes haya un sentido de competencia. Sí. Pero la profesión del actor tiene en uno de sus principios la competitividad constante, y ojo, no sólo se compite con decenas de otros actores de la misma generación o características físicas y vocales similares según el perfil del personaje, sino el reto más intrincado es la competencia con uno mismo.

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Dustin Hoffman

Dustin Hoffman (“El Graduado”, “Kramer Vs. Kramer”, “Rain Man”, etc.) y Bryan Cranston (“Breaking Bad”) coinciden en el afirmar que si simplemente  no hubieran tenido esa gran oportunidad, LA oportunidad de estelarizar las películas o series que los llevaron a la fama y a la reputación constante, pues simplemente seguirían  y seguirían actuando desde cualquier posición en la que se encontraran: haciendo teatro comunitario, enseñando en la universidad, perteneciendo a un elenco teatral municipal; participando en cortometrajes universitarios. Ambos insisten en que la clave para llegar a cierto punto de satisfacción en esta carrera, es no esperar de ninguna manera a que te llamen para actuar. Y que no es la fama el objetivo, sino el tener una carrera donde las oportunidades de abordar un abanico de personajes complejos y retadores; que te permitan además vivir de tu trabajo; ahí es por donde se encuentra ese anhelado sueño del actor. Claro, no nos engañemos, si la gente te reconoce en la calle y la prensa y la crítica están con expectativa por ti y tu trabajo, pues no nos molestamos ¿O sí, narcisos?

Entonces esa actitud y fortaleza será la que haga la diferencia en nuestro objetivo de ser un profesional que vive decentemente de su trabajo y que es mirado con respeto por su calidad artística. ¿Cómo obligarnos a mantener esa llama motivadora en medio de un mundo fatuo, costoso, superficial, corrupto, estereotipado e inmediatista?  Y no me estoy refiriendo a mundo por el “mundo de la actuación”, me refiero a mundo como espacio vital y cultural en el que los seres humanos nacemos, crecemos y nos desenvolvemos; donde aprendes a partir de la inexorable experiencia, que es el dinero (y el poder) el que condiciona tu educación, el acceso a la salud, a la tecnología, viajes, y un largo y ambicionado etc. ¿Cómo construir una carrera de actuación en medio de las dificultades de la existencia humana? Aparentemente no hay mucho misterio. Si nos remitimos al caso peruano, pues donde no existe la aplicación de la Ley del Mecenazgo, donde no hay elencos teatrales municipales, ni regionales ni nacionales, donde no hay elencos universitarios de teatro, donde no hay estímulos económicos a las agrupaciones independientes; pero sí una mirada política que va fortaleciéndose en el sentido de la promoción de las industrias de las artes; mucha iniciativa escénica independiente y una creciente vida cultural; además de más producciones cinematográficas y televisivas; hay muchos actores y actrices (más allá de los visibilizados) que viven de su trabajo y se proyectan hacia otras áreas como la docencia, el coach, las terapias a través del arte o a otros roles como la dirección y la dramaturgia. ¿Cuál es la receta? ¿Cuál es la pulsión que estos afortunados seres tienen y que les permite mantenerse empleados y con perspectivas de crecimiento? Mucho trabajo y esfuerzo, definitivamente. Pero vayamos un poquito más allá del trabajo.

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Bryan Cranston

En la universidad, el gran hombre de teatro y maestro Coco Chiarella nos dijo en clase de Actuación VI: “Mírense al espejo, reconózcanse, sepan cuál es su raza, su origen, su estatura, la forma y las posibilidades de su cuerpo; el sonido de su voz; sus particularidades y más allá de que se sientan satisfechos o no con lo que encuentran; ¡Asúmanlo y trabajen! Pues durante toda su vida de actores, lo que están viendo, será su instrumento para actuar, y aquello que no ven, también”. Creo que no lo comprendí en toda su dimensión en aquel entonces, muchos nos quedamos en la anécdota de si no te gusta tu cuerpo o tu rostro, debías tener la entereza de admitirlo y después modificarlo (varias colegas se han operado la nariz o hecho la lipo o puesto siliconas o todo lo anterior; y sí, les va mejor después de sus transformaciones. ¿Será por la actitud o por la nueva pinta?). Me parece absolutamente válido el aceptar adaptar la condición genética a los patrones de belleza reinantes; pero sólo eso -si es que eliges modificar tu cuerpo- para trascender en la actuación, sabemos que no basta.

Después caes en cuenta, que mucho más allá de cuál ha sido tu formación, los actores y las actrices debíamos estar siempre en conexión con nuestro instrumento; metiéndonos a talleres o entrenando para mejorar y potenciar nuestras herramientas vocales y físicas y así estar listos para la acción; ajá, sí cabe esa interpretación; pero el extraordinario Coco, iba más allá, como siempre.

Él se refería a una suerte de sacerdocio de la actuación; donde ese cuerpo, esa voz, esa cronología y biografía arraigadas en el ser, son las contenedoras de absolutamente todo tu mundo interno e infinidad de multiversos aún por descubrir; donde más allá de lo que cada uno ha vivido y experimentado; el ser completo, al estar al servicio de la actuación, debía traspasar los límites de nuestro propio pensamiento, ese punto de ver la vida que nadie más en el mundo tiene; esa mirada que nos hace únicos, pero esclavos de una sola perspectiva si no despertábamos en nosotros absolutamente todas las posibilidades que nuestra humanidad es capaz de albergar; donde nos supiéramos no sólo de nosotros mismos, sino de nuestros padres, abuelos, ancestros y toda la sumatoria de acciones, sentimientos, decisiones que ellos ejercieron; donde nos reconociéramos como parte de un todo universal; como hijos de las mismas familias prehistóricas que asaron carne en el fuego por primera vez; potenciando el aquí y el ahora  a través sí de mi raza, mi credo, mis herencias; pero rompiéndolas también; violentándolas, flexibilizándolas; virando hacia lados desconocidos que me hagan capaz de ser un pez asfixiándose; un miserable alimentándose de sus excrementos, el ser una monja que hace el amor con Dios, un adorador de Satán, un narcotraficante con cáncer terminal; un político violador y mil seres más; sin juzgarlos sino abrazándolos con esto que tenemos y que somos y que vemos en el espejo.

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Coco Chiarella

Seamos capaces de todo. Veamos la sacralidad de nuestro oficio y el rito que debemos impartir sobre nosotros mismos y compartir con nuestros compañeros cada vez que hay un personaje en nuestras manos. No quiero decir que al concebir nuestro trabajo como sagrado no puedas elegir libremente el tipo de vida que quieras para ti. Pero, cómo asumir la parte ritual y sagrada de la Actuación en medio de un mundo de deudas, desventajas y materialismo. Pues usando como instrumento para nuestra persistencia a la amiga que nos acompaña desde el día en que supimos que no quedamos para el papel: la buena Frustración; ella, la que viene con su corte: la envidia, la depresión, la ansiedad, el malhumor, la renuncia, la comparación, la evasión. Pero atrás de estas desagradables sensaciones, la frustración en realidad tiene un papel loable. Hace que el mundo de la actuación se equilibre, pues quien no la soporte y encuentre en ella los otros componentes de su corte: La resistencia, el tesón, el esfuerzo, la creatividad, la iniciativa y la autogestión; simplemente desistirá de una tortura tan grande para la autoestima como lo es sentirla vez tras vez minando nuestro amor propio, y dará paso a quienes curtan su cuero y aprendan a convivir con la inestabilidad. Les puedo asegurar que la frustración, mucho más allá de si eres del ansiado establishment y te llaman 15 veces seguidas para actuar en el mejor teatro de la ciudad, será una compañera -que tal vez no de forma constante, pero sí presente estará a lo largo de la vida del actor- no sólo por nuestra condición humana, sino por el tipo de trabajo y presión al que estamos expuestos.

Entonces, la frustración traerá el tesón necesario para actuar, no sólo esperando a que nos llamen, sino, teniendo nuestras propias iniciativas, y al tener trabajo en nuestras manos, daremos todo de nosotros para que de manera prácticamente sagrada, le podamos otorgar a nuestro trabajo no sólo la autenticidad, tan jodida de conseguir, sino una entrega profunda a nuestra forma de abordaje de nuestros procesos creativos. No aparenta haber mayor trámite ¿verdad? Pero, ay, sí lo hay, ya que estamos hablando de los insumos más delicados, volátiles y arraigados en el alma humana, el mundo de las emociones y los sentimientos, con todos nuestros demonios listos para clavarnos los dientes ante el primer reparo. Querido actor y querida actriz: Nunca ganarás el dinero suficiente que reconozca lo intrincado y entregado de tu trabajo, nadie comprenderá mejor que tú mismo las profundidades en las que tengas que sumergirte para darle cabida con absoluta verdad al personaje y la remuneración que eso merece. Pero, no nos quejemos. Trabajemos y elijamos el camino que queremos real y honestamente elegir; finalmente sólo tú sabes lo que realmente quieres cuando ves la inmensidad de tu reflejo en el espejo.

Fuente Fotografía Coco Chiarella: https://dchd9.wordpress.com.

Autor: Julia Thays

"Carpe Diem"

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