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¡A limpiar el escenario!

Cortina de humo semanal. Corrupción que discurre como pus. Niña herida, niña rota, mujer asesinada. El viaje eterno de nuestros maestros, de nuestros compañeros. Activismo que reclama y clama, que hace abrir los ojos y los sentidos ante el sinsentido. Videos de gatitos tiernos, perros que surfean y aves persecutoras. Heridas de cemento que se ciernen sobre nuestras ciudades, suturadas venalmente con flores de 9 dólares. Carne de perro en el menú. Juicios populares, guillotinas virtuales. Fundamentalismo por doquier. Falta de escucha, falta de diálogo. Memes que genialmente plasman nuestra indignación. O mejor será decir nuestra indignidad de ser seres que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos; y que en medio de este proceso biológico-cultural contaminamos océanos, bosques, derretimos glaciales, contribuimos enceguecidos con todos los males pre-apocalípticos y elegimos ignorar automatizados el no ver con nuestros propios ojos la destrucción de nuestra tierra, pensándonos inocentes, creyéndonos lejanos de las crisis y seguros dentro de nuestro cómodo consumo.

(1) Compaña de danza tradicional japonesa Kikunokai

Compañía de danza tradicional japonesa Kikunokai.

Y después con ese insumo variopinto, provisto por los mundos virtuales, visuales e informativos que todos los días llega a nosotros en grandes dosis, justo en medio de nuestras vidas, justo cuando nuestros afectos se despliegan, cuando nuestras rutinas de vida van formando su recorrido dramático acompasadas por el huayco visual-informativo, cuando el tiempo ocurre; llega aquella hora de hacer teatro.

Los dramaturgos teclean con frenesí sus escenas, los estudiantes bostezando ingresan a primera hora de la mañana al curso de entrenamiento corporal, las actrices aprendiendo su letra para su ensayo de la tarde, los productores coordinan traer los insumos para la función de la noche, un director mastica una escena que no le convence, y busca música para conseguir esa atmósfera que aún no resuelve a través de las acciones; una operadora verifica los cues de luces; un actor estira su columna vertebral, deseando que hayan más audiciones en un medio tan frustrante. Ah, sí, la frustración es la compañera que muchas veces se carga en la mochila y que detona una serie de pasiones heroicas o apáticas depresiones.

Y esa vorágine de información nos sigue acompañando, muchas veces es nuestro punto de partida para crear, para reconocer el grito que le queremos lanzar al mundo. ¿Pero no será que nos estamos sobrealimentando con ese caos, con esa maraña de fuentes, con ese tufo indignado, con ese estado de constante defensa que aprehendemos para sobrellevar una vida en esta sociedad afiebrada? ¿No será que nuestras voces internas quedan cada vez más roncas ante los gritos que nos circundan? ¿Cómo escucharnos? ¿Cómo conectarnos con nosotros? ¿Cómo conectarnos con los otros? ¿Cómo dejar la palabra de lado y simplemente aprender a despejar los perturbados pensamientos para que emerja la verdadera búsqueda de nuestros fueros internos?

(3) Comunicador y coordinador internacional Jose Sano

Comunicador y coordinador internacional José Sano.

Hace algunos meses presencié una escena que no puedo sacarme de la cabeza desde entonces; en el Gran Teatro Nacional, la compañía de danza tradicional japonesa Kikunokai iniciaba su sesión de trabajo de una manera contundentemente simple y humilde: limpiando el escenario, zapatos afuera y trapo en mano; repasando cada extremo. Terminada la limpieza, su proceso de montaje y ensayo era tan riguroso, tan lleno de mínimo detalle que me sorprendió su metodología. Su coordinador para la gira latinoamericana, José Sano, papel en mano, comandaba el repaso de cada detalle de la presentación, interpretando las indicaciones del director, Satoshi Hata, para todos los involucrados; el nivel de pulcritud de la compañía no sólo se reflejaba en su contacto con su espacio público y personal; sino con el honrar con la mayor sutileza cada aspecto de su trabajo. José nos comenta acerca del círculo virtuoso de la limpieza, éste está instaurado en el pensamiento del japonés, el no ensuciar para limpiar más fácilmente, y la representación del espacio limpio y despejado como signo de respeto, de inicio claro, de sentido gregario, de preparación y concentración.

Es así que llego a la teoría de “Samadhi”, el estado de concentración plena que propone Yoshi Oida, actor, director y escritor japonés; aquel con el que Peter Brook ha trabajado diversos montajes. Con formación en filosofía, Oida propone el “Samadhi”, que proviene del budismo induista, para el teatro: el estar conectado en todos los sentidos; el que lo que ocurra en el escenario tenga un asidero en el realizar las acciones, en las verdaderas emociones y la conexión con el universo. “El buen actor sabe mostrar a su público aquello que los ojos no pueden percibir’’, dice el maestro Oida.

El punto de partida para llegar a este complejo y valioso estado en la escena, es la limpieza. En un mundo donde barrer el escenario tal vez esté relacionado con un status bajo, con un eslabón débil dentro de la cadena, con una pérdida de tiempo necesaria para alistar el espacio, con la división impuesta por la jerarquía; se necesitan más escénicos que limpiemos el piso como metáfora de humildad y entrega al trabajo; para desarrollar la capacidad de concentrarnos y alejar el mundanal caos de nuestro arranque.

(4) El director y maestro Wili Pinto

El director y maestro Wili Pinto.

Wili Pinto, director del grupo Maguey, nos comenta que dentro del trabajo de creación y entrenamiento que ellos realizan, el punto de partida ha de ser el limpiar el espacio, y en ese acto, el estirar la columna, las extremidades, el utilizar el centro de fuerza del cuerpo; es decir, la limpieza es parte del entrenamiento en sí; donde tanto la mente como el cuerpo están siendo trabajados; donde realizamos poesía a través de este acto, pues se van acallando los alaridos externos e ingresamos en una acción de limpieza en todos los sentidos. Nos dice Wili que esto no significa que podamos emplear el caos en el trabajo, pues la naturaleza del humano es viajar por el orden y el caos; pero la contención de nuestras explosiones caóticas está en el rito que nos dan el orden y la pulcritud.

Esta metodología se enseña afortunadamente en algunas escuelas de teatro en el Perú, herencia de Yoshi Oida, Miura, el Odin Teatret, etc; hay maestros como María Luisa De Zela que en sus cursos de entrenamiento corporal en la FARES (Facultad de Artes Escénicas de la PUCP) tiene como punto de partida este ejercicio, llevándolo al símbolo del telar, donde cada alumno, con un paño en mano, forma parte de un entretejido humano que va de lado a lado; aplicando por supuesto los conocimientos sobre el cuerpo: peso, ritmo, niveles, equilibrio, sentido de la secuencia, percepción del espacio propio y el del otro, respiración, concentración, el vencer el cansancio y el trascender la repetición, el que la mente y el cuerpo accionen juntos, el dejar que los ruidos se diluyan. Nos cuentan algunos de sus alumnos que muchas veces provoca desistir, que el sudor que cae al piso vuelve a humedecer lo que se acababa de secar, que no se entiende a la primera las consecuencias de invertir tanto tiempo en clase para esta limpieza; pero al cabo de unas semanas, al mismo tiempo que María Luisa les hace leer a Oida, ellos van encontrando la resonancia tan poderosa de este acto, que muchas veces trasladan a sus otras clases, o a sus horas de ensayo; como una buena costumbre que tiñe de respeto y entrega cada actividad de su formación como actores profesionales.

(5) La actriz y maestra Maria Luisa De Zela

La actriz y maestra María Luisa De Zela.

Entonces, trabajar con el caos que nos circunda, con la precariedad de la política, con la división ideológica que nos segmenta como sociedad, la tiranía patriarcal, el ardor de la herida por esas niñas y mujeres que no tienen justicia; el crimen cotidiano, la polémica insolente, los prejuicios que nos constituyen, esa rabia contenida desde nuestras niñeces, esa apática actitud de muchos y tanta porquería y tristeza que amanece en nuestros móviles, televisores, diarios y rumores de calle vespertina: Sí. Pero sin permitir que el monstruo nos devore, y acalle esa voz interna que puede o no coincidir con éste. ¿Cómo crear estas fronteras entre lo que nos rodea y lo centrípeto e íntimo? Limpiar. Limpiarnos. Honrar nuestro espacio, nuestro cuerpo, que discurra lo que nos golpea cotidianamente, que no se estanque y más bien se flexibilice y que aparezca en la dosis que justo necesitamos. Contener los impulsos, aplacar a los fantasmas, ablandar los prejuicios y dejar que la sencillez y humildad nos permita ser objetivos y agradecidos.

Que el ritual del teatro se inicie despejando esa suciedad que nos rodea, que los pensamientos reflejo de lo externo se desapeguen, que finalmente nuestra verdadera voz se aliste para la acción, que nuestros oídos perciban las voces de los otros. Que haya comunión y disfrute del esfuerzo.

Que la limpieza nos purifique…

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Agradecimientos: José Sano, Wili Pinto, María Luisa de Zela, Gianella López, Raffaella Cuneo, Alejandro Holguín, Gabriela Gutiérrez.

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Bibliografía.

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Autor: Julia Thays

"Carpe Diem"

Un espacio de reflexión y difusión sobre el teatro peruano contemporáneo: Nueva dramaturgia, generación de públicos, procesos y laboratorios teatrales; puntos de vista sobre las especialidades de teatro en Universidades y escuelas; estrenos y más.