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Todo antes tiene su entonces

El dramaturgo alemán Heiner Müller, hizo una inquietante declaración en una de sus últimas entrevistas para un medio de La Habana: “El problema del escritor es que cae con frecuencia en lo aparente, la superficie, y habla de lo que no sabe, de sus propios tics, para al final no decir nada. Hay que volverse a encontrar con el odio, como le gustaba repetir a Brecht. Hay que volverse a encontrar con el odio si uno no quiere producir frases que pasado un tiempo se multipliquen por cero”. Y tiene razón. En EspacioLibre le llamamos “encontrarnos con aquello que nos produce rabia para nunca perder la objetividad de nuestra capacidad de obsevar-nos”. En pocas palabras, la rabia es fundamental para crear.

Hace unas semanas estuve en la ciudad del Cusco. Invitado a formar parte de la Mesa de Crítica de La XV Muestra Regional Sur de Teatro Peruano junto a mi colega cusqueño Erwin Ranfis Arce García director del Grupo Libélula De Jade. Esta vez, la organización (Carguyoc) de La Muestra estuvo a cargo de la Asociación Cultural Puertabierta.

Es inevitable sentir la fiesta que hace 43 años comenzó con la pregunta ¿Existe un teatro peruano? La respuesta fue inmediata y la podemos comprobar en cada “muestra” teatral que los grupos comparten en los encuentros macro regionales de todo el país. Bueno, no todo. En esta ocasión –rumbo a La Nacional de Huánuco- solo han participado Huánuco, Junín y Pasco del Centro; Arequipa, Cusco y Tacna del Sur; y Lima con doce agrupaciones en competencia. Eso quiere decir que el Norte y el Oriente no están presentes. Sabemos las razones, pero ninguna es suficiente para no ir a su encuentro nuevamente. El camino quedará limpio para el nuevo abrazo teatral que nos merecemos, colegas. Claro, sin intermediarios, ni patrones, ni movimientos acéfalos. ¡Ya verán!

Quiero aprovechar, a modo de balance, en hacer un recuento de las obras elegidas en el Cusco. Lo que vi e imaginé también saltará entre las líneas de este brevísimo ensayo. Primero los cusqueños. “Cuando Suenan Los Jiwayros” de la Asociación Cultural Q’ente fue la más aplaudida a pesar de no haber estado en su lugar de confrontación original. Teatro del susurro, me dijeron. Tania Castro es la directora y además la dramaturga. Tomó como punto de partida el testimonio de una bailarina ayacuchana que fue baleada en la época del terror en Huamanga. Ella no solo quedó lesionada para siempre, también perdió a su marido. Un conmovedor recorrido por la memoria viva de un deseo por reconciliar el tiempo y el espacio. Tres espléndidas actrices con cuerpos y voces de otro mundo: Raisa Saavedra Martínez, Nina Chaska Zelada y Luz Maribel Sánchez. Dos músicos tan intensos como Máximo Damián. Sin duda, una obra que cura como las piedras sanadoras: Los Jiwayros. “Unu Rikhurichiq” (El que hace aparecer el agua) de la Compañía Ilusión Colectiva es una versión experimental de “El Rabdomante” de S. Salazar Bondy dirigida por Daniel Ascencio Falla. Aunque intentan llevarnos a un pueblo cualquiera del mundo, es inevitable pensar en los pueblos andinos porque así lo plantea el propio autor. Y más ahora que el problema del agua se ha hecho tan urgente en algunas agendas políticas. Es inevitable encontrarnos frente a las autoridades abusivas y al canibalismo del poder. Es inevitable reconocer este texto dramático aunque la figura del experimento colectivo pretenda alejarlo por momentos de la representación. Sin embargo, es un proyecto escénico bien logrado, dinámico y con signos coherentes. Mención especial para la excelente actriz Yllay Terry. En una línea más provocadora, nos encontramos con un viaje simbólico por el poemario “La Noche Oscura Del Cuerpo” de J. E. Eielson. Potente interpretación de Eduardo Flores Ramírez de Intruso Teatro. Otro amante confeso del poeta y artista plástico peruano. Pararse frente a un conjunto de poemas tan vitales y sentidos, es mirarse en la desnudez propia del cuerpo como tejido. No en vano los simbolistas, en su rechazo al realismo y la hegemonía de la palabra, combatieron con la falsa sensibilidad y la enseñanza tradicional. Este tinte, con el que el actor construye su escenario, compone su inconformidad creativa/humana con recursos sinestésicos. O sea, la asimilación conjunta (o cruzada) de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo. Por ejemplo, el sonido de los colores o el sabor de las texturas. Algo así como “bailar la flor y no con la flor”. Muy oportuno para abordar la obra de un creador complejo y en gran medida hermético.

Por otro lado, tenemos un teatro cusqueño con aproximaciones costumbristas. Una versión de “La Casa De Bernarda Alba” de Federico García Lorca realizada por La Casa Cultural Dramas y Comedias bajo la dirección del jovencísimo (y talentoso) Alexander Silva Miranda. Todos los personajes fueron ejecutados, algunos con mejor fortuna que otros, por hombres vestidos de mujer. Aunque esta forma de abordaje estético no es nueva, es interesante observar el esmerado trabajo conjunto y el cuidado de los elementos escénicos. Y quizá, lo más destacable, es el tratamiento del maquillaje que produce un efecto sombrío y hasta fantasmal de estos seres con libertad restringida. Sin duda, más allá del homenaje al actor del siglo XVI, observamos un acercamiento intencional que deja entrever el interés del colectivo por visibilizar las luchas por la igualdad de derechos y los enfoques de género en nuestras ciudades más conservadoras. Otra obra, ahora sí local, nos muestra la vida de la escritora cusqueña “Clorinda Matto De Turner” del dramaturgo (también cusqueño) Hugo Bonet Rodríguez. Del que no tenía registro y ahora gozamos de tres libros suyos en la biblioteca de EspacioLibre gracias a la gentileza de su hija. La dirección estuvo a cargo de Mijail Echarri Farfán de la Asociación Cultural Puertabierta. Un elenco debutante nos mostró el valor de los primeros pasos. Este montaje, como el anterior, cuida muy bien sus elementos de vestuario y escenografía. Sin embargo, como dije “a veces menos es más”. Habría que repensar cómo lograr una comunicación más eficaz que ponga en valor el fondo y la forma como una unidad indisoluble para repotenciar la teatralidad.

Quisiera referirme a las tres puestas que no fueron específicamente cusqueñas, pero fundamentales para comprender la emergencia del sur peruano. “Trilogía De Una Despedida” es un conjunto de tres textos breves que escribí para mis estudiantes en 2010. Esta vez, la Asociación Cultural Teatrando de Arequipa, recientemente premiada como Lo Mejor del Teatro Regional por los Premios AIBAL, eligió volver a este texto bajo la dirección de Renato Oviedo-Saravia. Una puesta en escena delicada y minimalista que muestra que las despedidas pueden no ser tan dolorosas. Por otro lado, me sorprendió la subversiva mirada que Cristian Astigueta, del grupo arequipeño Teatro Del Vacío, le dio a la obra Máquina Hamlet de Heiner Müller. Un texto “per se” que dinamita la estructura shakesperiana para ir a la esencia misma del esqueleto de Hamlet que permita el continuo fluir entre la historia y el individuo negando su propia identidad. Cristian decide usar como pretexto a Müller para transitar por las décadas de 1980 al 2000. El período más doloroso y violento del conflicto armado que puso al Perú en la más insana incertidumbre de miedo extremo. Y finalmente, “Corazones Rojos” de Edgar Pérez Bedregal y su reconocido grupo tacneño Rayku Teatro. Quienes, con el compromiso social que los caracteriza, saben acercarse al espectador de cualquier lugar (abierto o cerrado). Saben, por demás, que hay cosas que no deben callar y qué los representa como teatro “heroico” de frontera tripartita. Combativo pero fraterno. Divertido, pero dolorosamente sincero. Y así como Tacna significa en aimara “tierra de cultivo”, Rayku se encargó de ser fecundo con treinta años de teatro. Se ocupó con urgencia de trasladar lo aprendido para que las nuevas generaciones despierten sus propias voces.

El teatro del sur está vivo. Faltan muchos. Muchísimos colegas. Sin embargo, los que están, tienen la rabia para hacer y rehacer. Hay memoria que palpita con un potente sentido del “¿entonces?”. Hay mujeres valientes que no se cansan. Hay hombres que se aman. Hay música por todos lados. Voces y más voces. Teatros que colisionan con franqueza en su ineludible diversidad. Aunque Cusco no sea más la ciudad que yo recuerdo cuando tenía quince años. Aunque parezca que ya no nos pertenece. Aunque las autoridades parezcan el enemigo nuestro de cada día. Es nuestra. Nuestra… Y somos nosotros los responsables de insuflarle algo más que vida. ¡Nos vemos pronto! ¡Muy pronto!

Autor: Diego La Hoz

"HIC ET NUNC" (Aquí y ahora)

En esta columna podrás encontrar una mirada panorámica de los diversos teatros del Perú y su relación con lo colectivo como forma de resistencia en los territorios más vulnerables de la creación. Las nuevas generaciones del teatro tendrán especial atención.