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El fracaso también puede ser arte (NUEVO)

En la última conversación sobre dramaturgia universal que organiza el programa Sala de parto nos tocó hablar sobre la obra Final de partida de Samuel Beckett. Soy el flamante moderador de este ciclo y, por lo tanto, me toca estudiar el doble. Mientras le daba una revisada a la última etapa del escritor irlandés y me dejaba fascinar por esa economía irrestricta de la palabra que lo acompañó hasta el final, era inevitable que me topara con una de sus frases más celebradas: “Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Fragmento harto conocido del texto Rumbo a peor publicado en 1983, seis años antes de su muerte y catorce después de haber ganado el premio Nobel de Literatura. Usado a menudo como discurso inspiracional para emprendedores que creen que es necesario fracasar para alcanzar el éxito. Nada más alejado de la realidad si se le pone en contexto. Esta es una de las tantas construcciones que muestran el pesimismo del autor envuelto en un saludable sarcasmo. Se trata de fracasar sin pudor. Siempre se puede fracasar más y más y más. Aquí el éxito, como lo entienden los mercachifles de la autoayuda, no cabe. Ni como devenir, ni como rebote. Simplemente no cabe. La poética beckettiana del fracaso, según la filóloga Amelia Gamoneda, “es el gesto impotente de la escritura, un gesto que señala melancólica e incansablemente al vacío y al silencio, pues son estos los únicos lugares capaces de conjurar su anunciado fracaso”.

(1) Deshuesadero (Compañia de Teatro Fisico)

“Deshuesadero” (Compañía de Teatro Físico).

De pronto apareció la pregunta, ¿Cómo nos estamos preparando los artistas peruanos para celebrar el bicentenario de nuestra independencia? Así como va la cosa, estoy seguro, no tenemos cabeza para pensar-nos. Sin embargo, el teatro ha empezado a ensayar intentos. Fallidos aún en su contenido pero significativos en el lenguaje como forma. Julia Thays en su última columna Lectura dramatizada ¿Oportunidad u oportunismo? cuenta su experiencia y dialoga con los creadores sobre este formato que ha empezado a aparecer como propuesta escénica: “Nuevamente insistiré en no dialogar sobre la obra en sí, sino en manifestar mi sorpresa ante el cómo una lectura dramatizada puede evidenciar tanto la teatralidad…”. Sorpresa con la que estoy de acuerdo. Hay una urgencia que, si bien no pasa por el hecho de ahorrarse la puesta en escena, advierte otros usos del espacio para la construcción de subjetividades. Lo venimos viendo desde hace unos años con la proliferación de casas teatrales que te invitan a saltar al ruedo de un espacio sin condiciones convencionales. Eso modifica lo aprendido. Aporta a la construcción de formas menos predecibles y exige observar (y aprovechar) la cercanía del otro. No solo por la precariedad técnica sino también por lo que implica comprender que no hay limitaciones para producir teatro. Por otro lado, nos encontramos con hibridaciones también muy oportunas. O sea, un pasito más allá de lo que conocemos como fusión. Choques de géneros y estilos. Mucho que decir con pocas palabras. Repeticiones como recurso dinámico. Objetos que son el personaje y viceversa. Historias que se ocultan y fragmentan.  ¿Algunos ejemplos? Tenebrae de Alfredo Bushby como lectura dramática semi montada en un cuarto sin ningún artificio. Literalmente ninguno. Sin embargo, desde el inicio sabemos que estamos ante una celebración teatral. Lo que se cuenta termina apareciendo como una bruma de oscuridad que te atrapa progresivamente hasta ahogarte en la realidad terminal de la educación universitaria peruana. Obra fragmentada que empieza (casi) por el final. Con las recurrentes ausencias fantasmales del poder que mata y las repeticiones estructurales de algún recurso que suele acompañarnos hacia el cadalso del propio clímax. Elementos formales que también podemos observar en su obra Vergüenzas: Cajamarca, 1953. La poética de Bushby va tomando cada vez más forma y pone en evidencia que, más allá de una buena historia es fundamental indagar en cómo se cuenta. Ahí está el verdadero reto. La teatralidad comienza en el diseño del texto (no en la historia, como se piensa) y explota en el escenario. Explota en tanto alcanza su máximo brillo o simplemente muere durante los ensayos. Otro ejemplo oportuno es el trabajo que hace la Compañía de Teatro Físico. Los regalos suprime la palabra dicha para darle libertad a los cuerpos de dialogar sobre las masculinidades. En Deshuesadero de Carlos Gonzales Villanueva las palabras son tratadas más bien como objetos de juego. Siempre colisionan para componer imágenes que representen la hostilidad de un mundo pragmático y reduccionista. El grupo de teatro Cuer2 nos trae propuestas que siempre están en crisis. Nunca le temen al proceso. La música, la danza, el teatro parecen no tener límites. Conviven en perfecta sintonía. Encuentro con quién es su último experimento escénico donde la imaginación es un juego ¿infinito? de posibilidades. Mi colega Karlos López Rentería ha emprendido una interesante indagación sobre texturas corporales y dispositivos escénicos creando diseños polisémicos como puentes comunicantes con la escena total. Café Inútil Orquesta y RaTsodia son sus primeros puertos.

(2) Encuentro con quien (Cuer2 Teatro)

“Encuentro con quién” (Cuer2 Teatro).

Muchos ejemplos señalan que hay un grupo importante de creadores escénicos que están buscando un lugar que privilegie al arte mismo. Más allá de fórmulas y métodos. Más allá del mainstream y de lo políticamente correcto. Y mucho más allá de lo que creemos saber o de cómo nos pensamos existen otros saberes que, en estado de hibridación, producen sentido para el ejercicio del pensamiento social. Ejercicio urgente para la llegada del bicentenario.

Pero, ¿Y los contenidos? Fallidos aún, dije antes. Tibios quizá. Por ahora, están enfocados en generar conciencia por lo diverso, lo otro, lo vulnerable y violentado. Intereses legítimos y que, sin duda, son el comienzo de una nueva independencia. Pero aún son luchas que convenientemente vienen de afuera. Nani Pease escribe una columna inquietante llamada Cuando nos sobrepasa. Al leerla noté un patrón con diversas experiencias que conozco. Incluso en la que estuvimos involucrados como grupo el mes pasado con Archivo F: Expediente Teatral. Ella cuenta con profunda tristeza que su colectivo tuvo que postergar un proyecto teatral porque “decidimos asumir que la realidad nos había sobrepasado, que no estábamos en capacidad -por ahora- de mirarla…”. Y eso nos está pasando hoy: la realidad nos-sobre-pasa. Historias van y vienen, pero lo cierto es que siguen rondando por lugares comunes.

(3) Cafe Inutil Orquesta (Espaciolibre Teatro)

“Café Inútil Orquesta” (EspacioLibre Teatro)

El año que pasó fui jurado, junto a Ruth Escudero y Alfredo Bushby, del Concurso Nacional “Nueva Dramaturgia Peruana” que organiza(ba) el Ministerio de Cultura. El último concurso parece decirnos el país del casi. Teníamos que premiar dos textos por Teatro para Adultos y uno por Teatro para la Memoria. En el primer rubro premiamos a Mirtha Vieira Aliaga por la obra Este lugar no existe y a Valeria Hernani Valderrama por la obra En el sótano. La primera obra es contundente por su simpleza y la segunda por su interesante diseño de la estructura. Ambas escritas por mujeres muy jóvenes. Realmente hermoso. En esta deliberación no tuvimos dificultades. Cuando nos tocó definir “memoria” apareció el fantasma. ¿Qué entendemos por memoria en el Perú de Hoy? No fue fácil. Nada fácil. Sin embargo, lo que convenimos es que no podíamos restringir el tema solo al “conflicto armado interno” de las últimas décadas del siglo pasado. Pues ese era el patrón para de-finir (entiéndase, ponerle límites) a nuestra memoria. Tan frágil y vapuleada desde hace varios siglos. Esa fue una de las razones por las que decidimos premiar La vida de Eneas de Jorge Ossio Seminario y darle mención honrosa a la obra Carnaval de Miguel Vallejo Sameshina. Ambas muy bien escritas. Ambas absolutamente conmovedoras. La primera obra tiene un potente manejo del lenguaje escénico que cuestiona desde la base el sentido colectivo de memoria. La segunda devela con fantasmal sutileza los horrores de la guerra interna. Los personajes deambulan en el juego cotidiano del olvido. Los muertos reclaman su lugar y patean el tablero del silencio. Carnaval está pronta a estrenarse bajo la dirección compartida de Mirella Quispe Ramos y Renzo García Chiok. ¡Buen viento!

El Perú se encuentra en un momento de ruina moral, de comunicación aberrante e incertidumbre política. Nada nuevo. Similar a cuando Beckett empezó a escribir en la Europa destruida por las guerras. Por eso la realidad nos sobre pasa. No podemos pensarnos con lucidez. Ahora nos toca indagar sobre las formas porque la palabra nos queda corta. Recuperar el juego para volver al encuentro con el otro. Es tiempo de aceptar que hemos fracasado como sociedad. Es tiempo de dialogar con el fracaso. Y lo más probable es que “ese” sea el eje principal de nuestro ejercicio creador para celebrar el bicentenario. Ningún ejercicio esperanzador será sincero. Ninguno. La cultura del escapismo nada tiene que ver con la esperanza. Fracasa mejor. Después hablamos.

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Autor: Diego La Hoz

"HIC ET NUNC" (Aquí y ahora)

En esta columna podrás encontrar una mirada panorámica de los diversos teatros del Perú y su relación con lo colectivo como forma de resistencia en los territorios más vulnerables de la creación. Las nuevas generaciones del teatro tendrán especial atención.